El Hemingway indómito que bebía los vientos por una España salvaje

miguel lorenci MADRID / COLPISA

CULTURA

Ernest Hemingway
Ernest Hemingway National Archives and Records Administration

Se cumple un siglo de la llegada del escritor a Madrid y Pamplona, ciudades que dejaron una honda huella en la obra del Nobel

11 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Gertrude Stein, escritora, mecenas de Picasso y madrina de la Generación Perdida, aconsejó a un joven e indómito Ernest Hemingway (Oak Park, 1899 - Idaho, 1961) visitar España tras la Primera Guerra Mundial. El entonces periodista y futuro Premio Nobel de Literatura había tocado Algeciras en 1919 y llegó a Vigo en 1921, como pasajero del trasatlántico Leopoldina procedente de Nueva York. En la primavera de 1923 recaló en Madrid y Pamplona y quedó embrujado por un país «genuino» y sus gentes. Una tierra «salvaje, con toros y bebida» que, según Stein, no estaba «machacada» y en la que se vivía «con una espontaneidad inexistente en el resto de Europa».

Fue el principio de una larga y fructífera historia de amor con reflejo en la narrativa de Hemingway, amante de la bebida, del Museo del Prado y de los toros, por este orden, que aún hoy atrae a legiones de turistas deseosos de rastrear las huellas del escritor en España. En especial su paso por Pamplona y los sanfermines, las fiestas que universalizó. Se cumplen ahora cien años de la llegada a Madrid en tren del escritor y periodista estadounidense que visitaría al menos una veintena de veces nuestro país y que se tenía casi por español. «No nací en España, pero eso no es culpa mía», aseguraba el Nobel de Literatura de 1954.

En los próximos meses se evocará su presencia en los lugares que inspiraron algunas de sus obras y su labor como corresponsal de guerra en diversos actos. En Madrid la asociación Soy de la Cuesta desarrollará de junio a noviembre iniciativas como una ruta gastronómica por los lugares que frecuentó, como la coctelería Chicote, la Cervecería Alemana o la pensión Aguilar, hoy hostal, el primer alojamiento de Hemingway en Madrid en el que se inspiró para escribir su relato La capital del mundo. A este establecimiento, en el número 32 de la carrera de San Jerónimo, llegan aún admiradores que reclaman la habitación número siete que Hemingway ocupó en sus primeros meses en Madrid. Como los que piden la número 201 del hotel La Perla en Pamplona.

Un flechazo

Un gran conocedor de las andanzas madrileñas de Hemingway es Ramón Buckley, hijo de Henry Buckley, corresponsal del Daily Telegraph en España durante la Guerra Civil. Educado en el Reino Unido, Ramón Buckley hizo bueno el deseo de Hemingway y se quedó en España. Aquí ha desarrollado toda su carrera como docente en literatura española y norteamericana. «Hemingway se enamoró de España sin remedio. Aquel flechazo le haría regresar en numerosas ocasiones. Pero le indignaba que dijeran que venía por los toros. Su verdadero amor español, además de la bebida, era el Museo del Prado», asegura Buckley.