El escritor sueco de origen griego Theodor Kallifatides vuelve a la Grecia clásica en su novela «Timandra»
20 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.La aparición de Theodor Kallifatides (Molaoi, Laconia, Grecia, 1938) ha sido un auténtico haz de luz en el universo lector, una fiesta de la literatura. Su valor testimonial como recuperación de la memoria de la infancia en la infausta Segunda Guerra Mundial es un acontecimiento precioso, que cobra un valor incluso mayor por lo que supone su regreso a la lengua materna griega desde su tierra de adopción, Suecia, adonde llegó con 26 años. La humilde voz que erige está tan llena de sabiduría y empática humanidad que la emoción y la magia desbordan a quien se interna en estas páginas de alta carga autobiográfica. En no poca medida, todo ello tiene que ver también con su querencia y respeto por los clásicos, que es evidente en El asedio de Troya y que emerge con renovado esplendor en la novela Timandra, traída hace apenas unas semanas al castellano. En un giro inteligentísimo, Kallifatides adopta la voz narrativa de una célebre cortesana que —como, en ocasiones anteriores, el niño— le permite acceder a lugares y a compañías que a otros están vedados y expresarse con una franqueza inusitada y hasta necesaria. El amor y la aspiración de la libertad guían el relato de Timandra, conocida hetera [en la antigua Grecia, cortesana, a veces de elevada consideración social, según detalla la RAE] que recibe, como lo hacía su madre, del mismo oficio, a personajes de ilustre condición y no menor talento, desde Sócrates a Platón y Pausanias pasando por Jenofonte y Alcibíades, de quien, por cierto, ella es amante. Pese a este brillante elenco, Kallifatides entrega el papel protagonista a la mujer, ya que el escritor entiende que nada la diferencia del hombre, sobre todo en la guerra, donde su papel cobra una dimensión heroica, especialmente en lo que respecta a la protección de los demás. En los días del relato de Timandra, su Atenas se halla en plena guerra del Peloponeso, la que libró contra Esparta.
En fin, una maravilla.