«Drive my Car», un coche rojo como el corazón

Miguel Anxo Fernández

CULTURA

«Drive My Car», que se pasa en O Carballiño, opta a cuatro Oscar
«Drive My Car», que se pasa en O Carballiño, opta a cuatro Oscar

Hamaguchi sirve en «Drive my Car» casi tres horas de cine intenso, fascinante, hipnótico. Los críticos de La Voz comentan además los estrenos «Los ojos de Tammy Faye» y «El brindis»

04 feb 2022 . Actualizado a las 08:47 h.

Obviemos que la cinta sumará el Óscar a sus numerosos premios, también la trayectoria de Hamaguchi —poco conocida en España más allá del estreno de La ruleta de la fortuna y la fantasía (2021)—, que debutó en el 2007 con un remake de Solaris cuando aún se formaba en la Tokyo University of the Arts. Una declaración de intenciones, aunque confiese admirar en particular el cine de Cassavetes. Drive My Car adapta un relato de Murakami con pequeños añadidos de otros textos y se centra en un director y actor de teatro sumido en la melancolía por la repentina muerte de su esposa (que le había sido infiel poco antes). Ella solía darle las ideas para sus guiones durante el acto sexual, pero siempre le hurtaba el final. Quizá tenía previsto contarle su infidelidad, pero la muerte se lo impidió.

El dolor vinculado a la creación artística. Su coche rojo —como el corazón y la sangre— actúa como motor vital e incluso creativo. Durante sus traslados por el asfalto de Tokio (a modo de arterias, un continuo fluir de ida y vuelta), aprovecha para repasar los diálogos de la obra que representa, y cuando, viudo, acepta trasladarse a Hiroshima para adaptar Tío Vania, desea seguir usándolo pero el contrato se lo impide. El coche será el mismo, pero ahora tendrá una joven conductora, endurecida por la vida y también arrastrando una culpa. Otra vez sobre el asfalto, pero ahora con alguien que necesita reconducir sus emociones, mientras las líneas de Chejov, los ensayos, actores y actrices, y sus secundarios apoyando el núcleo de la trama, usando diversas lenguas, sirven de amparo a un desenlace emotivo y reparador, que cierra de una forma tan inteligente como sugerente, desconcertante máscara covid incluida. Han transcurrido casi tres horas de cine intenso, fascinante, hinóptico, en donde el juego de la representación (sobre un escenario, en una pantalla) deriva en fusión. Quizá la melancolía se abra a la esperanza. Mientras, puro cine.

«DORAIBU MAI K»

Japón, 2021.

Director: Ryûsuke Hamaguchi.

Intérpretes: Hidetoshi Nishijima, Tôko Miura, Reika Kirishima, Sonia Yuan, Satoko Abe, Masaki Okada.

Drama. 169 minutos.

Andrew Gardfield y Jessica Chastain protagonizan «Los ojos de Tammy Faye».
Andrew Gardfield y Jessica Chastain protagonizan «Los ojos de Tammy Faye».

«Los ojos de Tammy Faye», ¡aleluya, hermana Jessica!

por Eduardo Galán Blanco

«Quiero salvar a la gente porque necesito ser salvado», decía el torturado charlatán de El fuego y la palabra. «No es mala cosa ser salvador», insiste ahora, sesenta años después, la telepredicadora de Los ojos de Tammy Faye. La encarnación del embaucador Elmer Gantry le dio un Óscar a Burt Lancaster y, de igual manera, la fascinante abducción que nos regala Jessica Chastain podría proporcionarle uno de esos codiciados hombrecillos dorados. Es una verdad palmaria que la pelirroja está en el mejor momento —ver su desbordante trabajo en la bergmaniana serie Secretos de un matrimonio— y solo Nicole Kidman —como Chastain en Tammy Faye, también enfundada en un maquillaje que la camufla de Lucille Ball en Ser los Ricardo— podría hacerle sombra.

Y es que, tras la máscara de los afeites, la intérprete está tan irreconocible como polimorfa, dando vida a la «estrella de la salvación». El canal que Tammy y su marido nutrieron con soflamas amables de salvación fue la cuarta opción de la tele norteamericana durante los años setenta y ochenta, consagrando a la predicadora como la «Johnny Carson del cristianismo», la «Barbie del teleevangelismo», la «Betty Boop del Jesús me ama». Aquí, el arrebato de Jessica no es una interpretación, es un portento de enmascaramiento, un prodigio de ocultación. Y, enfrente, la maravillosa secundaria Cherry Jones contrasta, contenida, como madre severa.

No hay duda de que el relato tiende a la hagiografía plomiza, pero los abundantes momentos esperpénticos torpedean su alma de biopic. ¡Aleluya!

«THE EYES OF TAMMY FAYE»

Estados Unidos, 2021.

Director: Michael Showalter.

Intérpretes: Jessica Chastain, Andrew Gardfield, Vincent D’Onofrio, Cherry Jones, Fredric Lehne, Sam Jaeger, Mark Wystrach, Louis S. Cancelmi.

Comedia dramática. 126 minutos.

Fotograma de la película francesa «El brindis».
Fotograma de la película francesa «El brindis».

«El brindis», monólogo de un neurótico 

por Sabela Pillado

Con 35 años, a nuestro protagonista le deja su novia (ese famoso descanso que asemeja una tierra de nadie entre la esperanza y una ruptura real), tiene que tragarse una aburrida y repetitiva cena familiar mientras espera un mensaje de ella que parece no llegar nunca, y para colmo debe afrontar que su futuro cuñado le pida que dé un discurso en la cercana boda de su hermana. Problemas que implican un mayor o menor grado de estrés dependiendo de cada cual, pero que en el mundo interior de un neurótico se convierten en una debacle de proporciones catastróficas.

Tomando como base una novela de difícil adaptación (obra homónima del dibujante y autor francés Fabcaro) que a priori tendría —y ha tenido— más salida en formato teatral que cinematográfico, El brindis nos sumerge en la mente de un personaje neurótico e hipocondríaco por medio de la continua ruptura con la cuarta pared. Apelando directamente al espectador, la acción se vehicula por medio de un diálogo interior que muta en desquiciado monólogo a cámara, como un intento de conversación personaje-espectador donde el primero no deja meter baza al segundo, sin otorgarle un segundo de respiro.

La ansiedad del discurso se traduce en una acción que avanza a buen ritmo, siempre entre el sarcasmo, lo absurdo y lo salvaje, consiguiendo gracias a esta rapidez y fluidez que el filme no se quede en una pieza teatral sustentada en una sucesión de monólogos sobre la familia, el amor y los traumas varios de quien los relata. Esta comedia excéntrica gana puntos en sus momentos más surrealistas, donde los flashbacks, la realidad y la mente del protagonista se juntan y superponen en un mismo plano (esa secuencia con los intérpretes de la ONU en el comedor), consiguiendo que la fórmula no se agote antes de llegar al final, y que su discurso alocado tenga una base a la que acogerse.

«LE DISCOURS»

Francia, 2020.

Director: Laurent Tirard.

Intérpretes: Benjamin Lavernhe, Sara Giraudeau, Kyan Khojandi, Julia Piaton, François Morel, Guilaine Londez, Sébastien Chassagne.

Comedia. 87 minutos.