«Eiffel»: Agria dama de metal

eduardo galán blanco

CULTURA

El acercamiento biográfico al ingeniero francés peca de academicismo y solemnidad

17 nov 2021 . Actualizado a las 09:12 h.

«Resulta increíble que la perspectiva de tener una biografía no haya hecho a nadie renunciar a tener una vida», bromeaba —o no— Cioran. Y en eso pensamos al ver Eiffel, un biopic —contracción de biographical picture— aburrido y moroso sobre «el señor del hierro», como llamaron los periodistas de la época al ingeniero constructor de la icónica torre parisina.

La cosa es plúmbea de verdad, cargada de grises tipos barbados de pelambre bien recortada, vestidos con bombín o chistera. A mayor gloria de la grandeur, todo, desde el vestuario hasta la música de Alexandre Desplat, es académico hasta la extenuación, cuando no terriblemente amanerado.

Lo curioso es que un proyecto tan pobre llegó a interesarle a cineastas de lo más variopintos, como Ridley Scott, Olivier Dahan o Luc Besson. Cierto que el argumento y el libreto parece que han variado tanto a lo largo de los años —pasando por las manos de hasta ocho guionistas— que los primeros autores no querían estampar su firma en los créditos. En su momento, alguien pensó en Gerard Depardieu para interpretar al científico y ahora nos encontramos un Eiffel con el físico de Romain Duris que es como pasar del Gordo al Flaco sin anestesia. Y eso que las fotos de Nadar no dejan mucho espacio a la especulación.

La historia comienza con un Gustave Eiffel en la cima de su gloria, condecorado como Ciudadano Honorario de los Estados Unidos. Tras crear la estructura de la Estatua de la Libertad, nuestro hombre gana el concurso de ideas para epatar al mundo en la Exposición Universal de París de 1889 y se dispone a levantar la estructura más alta del planeta. Pero, claro, esto no es suficiente para llevar a la gente a las salas. Dicen que el ingeniero era más bien plano en amores y que solo le interesaban las cosas de metal y no de carne. Así que los productores le han inventado un amor desgraciado —interpretado por la exquisita Emma Mackey— que le importaba más que la torre misma, agria dama de metal. Atención: hay secuencia a lo Titanic con la parejita abrazada a trescientos metros de altura, mirando la puesta de sol.

«Los ingenieros no pueden crear algo hermoso», dice algún figurante, pensando en el mecano más grande del mundo. Y algún miembro de los esforzados guionistas inventa una réplica para tallar en granito rosa, o en acero galvanizado: «Será una torre moldeada por el viento». Y todo en esta película es así de solemne.

«EIFFEL»

Francia-Alemania- Bélgica, 2021.

Director: Martin Bourboulon.

Intérpretes: Romain Duris, Emma Mackey, Pierre Deladonchamps, Amande Boulanger, Bruno Raffaelli, Alexandre Steiger, Andranic Manet, Phillip Hèrisson, Stéphane Boucher.

Drama. 108 minutos.