Amenábar propone en San Sebastián un desacomplejado «thriller» con un émulo de Tom Cruise a la española

José Luis Losa SAN SEBASTIÁN / E. LA VOZ

CULTURA

Álvaro Mel, Alejandro Amenábar y Ana Polvorosa, a su llegada al estreno de la serie «La fortuna».
Álvaro Mel, Alejandro Amenábar y Ana Polvorosa, a su llegada al estreno de la serie «La fortuna». Alberto Ortega | Europa Press

«La fortuna», la serie creada por el director de «Tesis», parece querer beber de Spielberg o de Sidney Pollack en un remix de géneros que no teme el ridículo y a veces cae en él

25 sep 2021 . Actualizado a las 10:07 h.

Veo de un tirón las cinco horas de La fortuna, la anunciadísima serie de Alejandro Amenábar. Se va a estrenar en seis días en una plataforma pero supongo que por metértela en la retina casi de amanecida, con mascarilla FFP2, sin un solo descanso para el organismo ni el respaldo de un sofá, te darán algo: unas acciones en la Amenábar Company. O un bocadillo, como en los mítines de antes.

Observo cuando menos con curiosidad la osadía de esta adaptación de un cómic llamado El tesoro del Cisne Negro [obra de Paco Roca y Guillermo Corral]. Ignoro lo influenciado que está el guion del propio Aménabar por su origen en la banda diseñada. Pero intuyo que buena parte del tono de la historia, abiertamente delirante en su cross over genérico, del cine histórico de galeones al drama judicial pasando por el thriller, proviene de ahí.

También hay un sentido muy desacomplejado en esta tentativa de acercarse a territorios propios de Spielberg -el concepto de patria o de civilidad, insólitos en nuestro cine, la banda sonora excelente de un Roque Baños transmutado en John Williams- o del añorado Sydney Pollack. Que el protagonista absoluto, el héroe capriano de la función, sea un joven con aire de chico del PREU, un actor estupefacto llamado Álvaro Mel, que desea algo de un Tom Cruise veinteañero con vetas del Pequeño Nicolás, te da una medida de las licencias sobre lo convencional que el asunto se permite tomar.