Una edición ilustrada por Elena Ferrándiz pone de manifiesto el magisterio de Bradbury como escritor
11 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Leyendo Un sonido atronador, publicada originariamente en 1952 y que ahora ofrece Nórdica en una edición bellamente ilustrada por Elena Ferrándiz, es fácil darse cuenta de los motivos por los que Ray Bradbury no ha perdido vigencia como clásico que es de la ciencia-ficción ni tampoco relevancia sus historias. Su prosa, en la mejor tradición norteamericana, parece austera, desprovista de todo elemento accesorio, pero es su poder para conjurar aquello que se intuye lo que le proporciona su gran fuerza. Un hombre se embarca en un viaje a través del tiempo para remontarse a la prehistoria y disfrutar de un safari que le permita dar caza a la mayor de las presas: el Tyrannosaurus rex. Todo está organizado con sumo cuidado, con el fin de evitar modificaciones en el futuro por culpa de acciones fortuitas. El encuentro con el dinosaurio ofrece la emoción que promete, pero el relato va de lo gigantesco a la sutileza de lo minúsculo e inadvertido para reflexionar sobre la responsabilidad de nuestros actos: de ahí esa expresión de «efecto mariposa» sobre cómo cambios mínimos y aparentemente intrascendentes conducen a consecuencias inabarcables. ¿Ciencia-ficción? Un sonido atronador transcurre en el 2055. Dentro de 35 años...