Álvaro Morte: «Soy un absoluto adicto al trabajo»

El intérprete que da vida a El Profesor espera que la serie ayude de «hacer que la cuarentena sea más llevadera»


madrid / colpisa

Álvaro Morte (Algeciras, Cádiz, 45 años) confiesa que tenía ganas de que llegase el estreno de la cuarta temporada de La casa de papel, la serie de Netflix que se ha convertido en un fenómeno mundial. Confinado en casa, el actor que da vida al Profesor en la ficción espera que las nuevas entregas consigan «que la cuarentena sea un poquito más llevadera».

-¿Cómo está pasando el confinamiento?

-Estoy intentando ser muy consciente de todo lo que está sucediendo, y lo más responsable posible. Es terrible lo que está pasando, y me acuerdo mucho de toda la gente que lo está pasando tan mal. Me estoy quedando todo el tiempo que puedo en casa, y fuera de eso, no tengo ningún caso cercano, afortunadamente. Intento pasar el tiempo lo mejor posible con mis hijos, que he pasado últimamente mucho tiempo trabajando fuera de casa.

-Y así le ha pillado el estreno de la cuarta temporada de «La casa de papel».

-Sí, y tenía ganas por dos motivos: porque la gente vea el trabajo que hemos hecho con tanto cariño, y por otro, por si podemos hacer que la cuarentena sea un poquito más llevadera.

-Está acostumbrado a ser Profesor. ¿De qué podría dar clase?

-Yo no podría dar clase de nada, por favor. Y eso que me ha tocado alguna vez, de interpretación. Me gusta mucho más recibirlas, aunque es cierto que cuando las he dado lo he disfrutado mucho. Para mí, una clase no es volcar tus conocimientos sobre algo, sino compartirlos. He aprendido mucho dando clase.

-¿Se siente identificado con su personaje?

-En algunos aspectos, sí. Una de las cosas que más valoro del Profesor, más allá de su inteligencia, es su capacidad de trabajo. Puede pasar años buscando la perfección dentro de un trabajo. Para mí, la perfección no existe, pero creo que es sano para todos que la intentemos encontrar. Soy un absoluto workaholic (adicto al trabajo), y le echo muchas horas a cualquier proyecto.

-Casado y con dos hijos, entiendo que más que con Óscar, de «El embarcadero».

-Sí, sí (risas). Para ese papel tuve que hacer un ejercicio de intentar entenderle. Yo creo que un actor debe entender a todo personaje que interprete, comparta o no lo que piense. Si tienes que hacer de Hitler, tienes que entender qué le pasaba en su cabeza para tomar esas decisiones, más allá de que te parezcan una barbaridad, por supuesto. Y con Óscar, en el sentido de lo bígamo, lo tengo muy alejado, pero luego adoraba a su hija y también a sus amigos.

-¿Hubiese preferido tener también un nombre de ciudad en la serie como el resto?

-Nah, me encanta El Profesor. Aunque si pudiese elegir una ciudad, después de haberlo pensado mucho, diría que la Ciudad del Vaticano. No por la parte religiosa, pero sí por el hecho de ser una ciudad muy pequeña, como el carácter del Profesor, tan tímido, tan retraído, pero que tiene poder absoluto sobre el resto del planeta.

-¿Cómo vive el éxito desproporcionado de «La casa de papel»?

-Yo he estado en situaciones muy precarias como actor, y esto me ha llegado con cuarenta y tantos años y con mucha profesión a cuestas. Entonces, intento tener siempre los pies en el suelo y ponerle toda la sensatez, la calma y la humildad que puedo. Tengo suerte de estar donde estoy, pero soy consciente de que el día de mañana puede pasar y ya está.

-¿Lo conocen más en Italia por esta o por «El secreto de Puente Viejo»?

-Pues no lo sé (risas), pero es cierto que El secreto de Puente Viejo tuvo muchísimo éxito allí. Al doctor Lucas Moliner la gente le tenía mucho cariño y ahora al Profesor también.

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