Francesc Torres cierra con «Crebas» un círculo en su trayectoria

El CGAC exhibe obras del artista catalán concebidas en Galicia y las liga a otras que ejemplifican sus inquietudes

Francesc Torres protagoniza su primera gran exposición individual en Galicia en el CGAC
Francesc Torres protagoniza su primera gran exposición individual en Galicia en el CGAC

Santiago / la voz

«Me devolvieron una libertad que añoraba mucho». Así se refiere Francesc Torres (Barcelona, 1948) a sus piezas concebidas en Galicia, que actúan como hilo conductor de la exposición Crebas, con la que el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) abre el año. El artista -reconocido como uno de los principales referentes históricos de la instalación multimedia- entiende que «se cierra un círculo de manera muy especial» a su trayectoria artística con estas obras inéditas fruto del flechazo que desde hace dos décadas mantiene con las tierras gallegas. Se trata de «poder volver a hacer arte sin mochila, saliendo a la calle a trabajar», como en sus inicios hace cuatro décadas, cuando comenzó a trabajar en el arte conceptual y antes de dedicarse a la instalación multimedia.

En Crebas -que toma el nombre de aquellos objetos que devuelve al marea-, las piezas de producción gallega conviven con otras que muestran sus inquietudes desde los inicios de su trayectoria artística. «É un discurso circular entre toda a súa obra, con pinceladas desde os seus inicios ata agora», destacó la comisaria, Rocío Figueroa Guisande. Una exposición que, además, «permite coñecer a metodoloxía de traballo e os aspectos máis singulares de Francesc Torres», afirmó el director del CGAC, Santiago Olmo, que junto al director xeral de Políticas Culturais, Anxo Lorenzo, presentó la muestra.

Los objetos traídos por las mareas inspiran parte de la obra de Torres
Los objetos traídos por las mareas inspiran parte de la obra de Torres

Las creaciones gallegas, aunque destacando siempre su universalidad, se muestran casi a modo de una única instalación con diferentes capítulos internos. En ella conviven las series fotográficas dedicadas a las minas de wolframio de Casaio y de la ballenera de Caneliñas, en Gures, con un alfabeto propio creado por el artista a través de las imágenes de las marcas que los bivalvos dejan en la arena -reproducen un texto de Jack Burnham y costó tres días de trabajo su colocación-, así como con fotografías del propio autor lanzando libros de filosofía al mar, recogiendo también en una vitrina aquellos que el mar devolvió.

Pero en Crebas hay obras que acumulan más de cuatro décadas, como la pieza que presentó en la Bienal de Venecia en el 1976. También destaca la serie Feminicidios, que ocupa toda una sala, donde el artista hace dialogar una serie de creaciones con desnudos femeninos que fueron dañadas en el año 1952 en Barcelona durante un congreso eucarístico con la reivindicación de las mujeres sufragistas de principios del siglo pasado y con Lucio Fontana, artista que trabajaba rasgando las telas. Están muy presentes también las alusiones a las guerras. Un interés que se recoge, además, en La gran campana hermética, una instalación en la que Torres reúne todo su legado, incluyendo desde piezas de su infancia -como pequeños coches en miniaturas- a objetos encontrados en la zona donde se desarrolló la batalla del Ebro.

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