El museo está para activarlo

Olafur Eliasson presenta en el Guggenheim de Bilbao su retrospectiva «In real life»: arte comprometido que apela a la participación del público

Eliasson, ante una de sus obras en el Guggenheim de Bilbao
Eliasson, ante una de sus obras en el Guggenheim de Bilbao

bilbao / enviada especial

Todo es una mezcla de bacterias, de polvo, de átomos. Eso es la naturaleza. Pero cuando los átomos son capaces de estudiar a los átomos, si se preocupan de explorarse a sí mismos, la naturaleza se convierte en cultura. Es increíble cómo una conversación cualquiera al desayuno se convierte de pronto en la mejor síntesis de la obra de Olafur Eliasson, el artista activador de museos, que desde este viernes y hasta el próximo 21 de junio quiere convertir a los visitantes del Guggenheim de Bilbao en «coproductores» de su discurso artístico.

Lo hace a través de una treintena de obras. Una trayectoria creativa que se puede encajar entre la primera y la última fotografía de una sala presidida por un ventilador pendulante que cambia de trayectoria dependiendo del número de personas presentes. Aquella primera fotografía de un glaciar se tomó hace veinte años. La última, hace poco. Apenas queda nada ya de él. No hay negacionismo posible en esas imágenes. «La exposición permite tener la presencia de obras de hace 20 o 25 años de una manera muy contemporánea», explica Eliasson. 

Tres visitantes interactúan con la obra «Tu sombra incierta»
Tres visitantes interactúan con la obra «Tu sombra incierta»

Cambio climático

Las series glaciares son un resumen de su preocupación por la ecología y el cambio climático. De relatar cómo ha ido explorando la propia percepción humana desde los 90 hasta hoy se encargan obras como Belleza. Una cortina de agua y un foco crean un arcoíris. En realidad, miles de millones. Infinitos. Porque a cada paso, a través del filtro de cada persona, el fenómeno muta, se transforma, cambia. Y además, es transitable. Se puede cruzar al otro lado del arcoíris.

«Las obras no actúan si no somos copartícipes». Lo explica Lucía Aguirre, comisaria de la muestra -que cuenta con el patrocinio de Iberdrola-, junto a Mark Godfrey, de la Tate Modern londinense, antes de cruzar esa lámina de agua. Y de atravesar una sala totalmente amarilla que demuestra cómo el color de la luz lo cambia todo. Por eso Chillida eligió el alabastro. Porque le recordaba a esa luz plomiza del País Vasco.

En la vida real. El título de la exposición lo dice todo. «Venimos al museo para ver la realidad con mayor densidad, no para alejarnos de ella. Venimos al museo para entendernos a nosotros mismos». Olafur Eliasson cruza una sala blanca y, un segundo después, la luz se descompone y lo persigue Tu sombra incierta. Se genera cierto ambiente de intimidad, de relajación. «Incluso podemos darnos las manos. No en realidad, con las sombras». Los mecanismos, las tramoyas, están a la vista. Eliasson quiere que se vea que la gran cascada del exterior es un fenómeno natural reconstruido con un andamio. El público activa la obra, la transforma. Y la obra transforma al público. El arte huye del ensimismamiento y sale a la calle. Y mejora la vida. Una parte de la muestra está dedicada a las lámparas que funcionan con energía solar que ha diseñado el estudio de Eliasson y que permiten llevar luz a zonas en las que no hay electricidad. Un proyecto, Little Sun, en el que el museo colabora a través de Luces para Senegal.

Una visitante experimenta la obra «Belleza»
Una visitante experimenta la obra «Belleza»

A medida que se recorre la exposición, empieza a hacerse más y más patente. Hay una comunión constante entre el museo, el artista islandés y el espectador. Igual que hay una relación total entre el ser humano y la naturaleza, apartada a veces como algo ajeno, que está más allá de los muros humanos. De pronto, el aroma cambia. Una de las paredes de la sala está cubierta de liquen.

En el suelo, un dispositivo es capaz de crear olas. Esa recreación de fenómenos naturales, junto con la exploración de la geometría, es otra de las constantes en la obra de Olafur Eliasson, que mira hacia arriba para enseñar su esfera de viento. Y avisa a los que se atrevan a cruzar Tu visión espiral -un túnel hecho de espejos-: «Cuidado, está diseñado para que os mareéis».

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