Ana Merino: «Creo fervientemente en la bondad»

La poeta agradece a su padre, el narrador coruñés José María Merino, el amor por los libros y su excelente biblioteca

La poeta Ana Merino es pareja del escritor y poeta Manuel Vilas, último finalista del Planeta
La poeta Ana Merino es pareja del escritor y poeta Manuel Vilas, último finalista del Planeta

Barcelona / Colpisa

Cree Ana Merino (Madrid, 1971) que la bondad sostiene al mundo. Esta creencia sostiene, a su vez, El mapa de los afectos, su primera novela y reciente ganadora del Nadal en la 76.ª edición del premio. Hija del escritor y académico coruñés José María Merino, recibió el galardón emocionada y recordando la «formidable» coincidencia en el 2020 de los centenarios de Galdós y Delibes, dos referentes para ella. «Me formé leyendo nadales como La sombra del ciprés es alargada, El Jarama o Entre visillos. Creo en la literatura con el mismo fervor que creía de niña en los Reyes Magos y no podía tener mejor regalo que el Nadal, que nos habla de la continuidad de la literatura que nos hace empatizar y profundizar en el alma humana», se felicitó con el premio en sus manos.

-Su novela, esperanzada, dice, parte de sucesos muy dolorosos.

-Sí, con una maestra de preescolar, Valeria, con dudas sobre el amor, que acompaña a un niño de cinco años que ha perdido a su madre. Luego hay diferentes personajes, emociones y afectos que evolucionan e interactúan. En el mundo somos personas muy diferentes, en comunidades de relaciones en las que suceden cosas a veces terribles y que nos afectan de muy distinta forma: pasión, desasosiego, pérdidas, venganza, desengaño... Veremos cómo, frente a sucesos dolorosos, la bondad ayuda y facilita la superación.

-La bondad ¿es el asunto medular de la novela?

-Sí. Creo fervientemente en la bondad, en el espacio literario y en la vida. Trato de ver cómo respondemos con bondad a los momentos más duros y procuramos entender las cosas. En este caso en el espacio americano y el español, con varios veteranos de una guerra muy presente en la novela y que representa el mal, y españoles que van a América. En la novela y en la vida pasan cosas terribles que nos asustan, pero la bondad nos ayuda a ponernos en el lugar de los que sufren y superarlas.

-¿Es un alegato en favor de la bondad?

-Creo que sí. Algunos de los personajes, con los que más me identifico, hacen su propio alegato por la bondad. Alguien tiene que reivindicarla. Es muy importante. Me interesa mucho el concepto de bondad como sustrato de la humanidad. Que estemos aquí, que las sociedades avancen, que haya descubrimientos que nos permitan seguir y afrontar adversidades, es gracias a la bondad. Es una propuesta literaria como otra cualquiera, pero es la mía. A menudo se critica y se desprecia la bondad, pero es lo que sostiene al mundo, lo que hace que nos entendamos y colaboremos.

-Usted es pareja de Manuel Vilas, escritor y finalista del Planeta hace dos meses con su novela «Alegría». Parece que celebraran una burbuja de felicidad.

-Somos muy diferentes, pero nuestra comunión es la celebración de la vida. Somos conscientes del sufrimiento, claro. Él tiene una percepción muy clara del sufrimiento, tanto como yo de la maldad. Pero esa comunión es la que ha hecho que nos enamoremos.

-¿Es Vilas su lector de confianza?

-Claro que sí. Y yo la suya. Como soy lectora de confianza de mi padre, José María Merino.

-¿Tiene su novela algo de la literatura de su padre, escritor y académico?

-Ojalá tuviese su talento. Sí tengo el impulso del amor por los libros que me ha transmitido, por esa biblioteca maravillosa con la que crecí y que fue mi taller creativo, y el amor a los cómics. También la rigurosidad con las palabras, porque es un magnífico novelista, y la misma ilusión al escribir. Es una suerte tener unos genes que se emocionan escribiendo. También los genes de mi madre, Carmen Norverto, una grandísima lectora y mujer enormemente pragmática, me han permitido sobrevivir estos 25 años en la América profunda, enfrentarme a las circunstancias y desarrollar una imaginación peculiar.

-¿Es su novela un espejo de esa América rural en la que ha pasado media vida?

-Sí. pero también de España. De la relación entre ambas. La maestra viaja a España y hay personajes españoles que pasan por aquella América rural y pobre a lo largo de dos décadas. Ese intercambio es lo que yo he vivido y vivo. Se trata de ver cómo pensamos a los otros desde otro lugar.

-¿Ha comprendido mejor España desde la distancia?

-Sí. Todos los españoles de la diáspora tenemos una enorme nostalgia. Vemos la realidad de forma distinta. Somos quienes más amamos nuestros orígenes y más empatizamos con ellos. Valoramos nuestra literatura, qué es nuestro gran refugio, lo que nos hace recordar lo maravilloso de nuestra cultura.

«La poesía siempre deja un poso y un ritmo maravilloso»

Ana Merino admite que las mujeres son minoría en el Nadal. Solo hay 15 entre sus 76 ediciones.

-Así ha sido con todo en la vida hasta ahora. Pero está cambiando. En el máster de escritura creativa que monté en Iowa hay ahora más mujeres que hombres. En el Nadal hay pocas, pero han sido carismáticas: Laforet, Matute, Martín Gaite... parece una compensación. Justicia poética.

-¿La poesía contamina su novela?

-Mi mundo poético está lleno de guiños narrativos, y viceversa. La poesía siempre deja un poso y un ritmo maravilloso. Llego a la novela con cierta madurez en tramas y personajes, y mi inquietud se formula desde el plano narrativo con una reflexión sobre el mundo. Cuando trabajo desde la emoción es diferente, pero todo se retroalimenta, como el teatro o el articulismo pedagógico.

-Es una gran estudiosa del cómic. ¿Quién le gustaría que dibujara su novela?

-Los hermanos Hernández, Jaime y Gilbert, los autores de la serie Love and rockets, estadounidenses de ascendencia mexicana. Les adoro. Son el paradigma del cómic alternativo de los 80.

-¿Arrinconará a la poesía en favor de la narrativa?

-No. Seguiré tocando todos los palos. Insistiré con el teatro, la poesía y el ensayo. Pero lo cierto es que en la narrativa me siento muy cómoda. Ya estoy con una segunda novela.

-Cita usted a Cervantes, Quevedo y Santa Teresa como una «Trinidad poética».

-Sí. Además de Turguénev. Me interesan los autores poliédricos como ellos. Como Borges, tan genial poeta como narrador. Cervantes tiene la ductilidad de describir el mundo desde distintos parámetros. Él quería sobre todo ser dramaturgo, y fundó la novela moderna. Pero también me interesa Cervantes por la bondad. Don Quijote y Sancho son genuinamente buenos. No me he inventando nada. Como ellos, los personajes de mi novela son sencillamente buenos.

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