El cantautor que lo fue todo en los años setenta

Patxi Andión desafió a la censura en el franquismo con su música, se convirtió en un icono de éxito y vio cómo los ochenta lo apartaron del foco

Fotografía de archivo (11-09-2009) del cantante y actor Patxi Joseba Andión González, conocido como Patxi Andión
Fotografía de archivo (11-09-2009) del cantante y actor Patxi Joseba Andión González, conocido como Patxi Andión

redacción / la voz

Fue uno de los cantantes más famosos de la España setentera, colándose incluso en el mundo rosa tras casarse con la miss Universo Amparo Muñoz en 1976. Pero su estrella se desvaneció en la segunda mitad de los ochenta. El huracán de la movida madrileña y el optimismo multicolor de aquel socialismo que metía al país en la CCE había empujado al cantautor de barba, conciencia social y pana al olvido. Patxi Andión, que ayer fallecía a los 72 años tras salirse de la carretera el coche en el viajaba en Cubo de la Solana (Soria), era uno de sus máximos exponentes.

Andión había estado en el Mayo del 68 parisino. Allí se impregnó de la bohemia, el espíritu de lucha y sus aires de libertad. Entonces se reverenciaba a Paco Ibáñez, quien ya actuaba en Francia y lo influyó de manera notable. Todo ello queda plasmado en su debut Retratos (1969), cuyos versos entonados con voz rasgada se las vieron con la censura. Líneas como «Canto a los hombres que se definen y hablan sin temor / y van trocando unos susurros en clamor» desafiaban la música edulcorada e inocua que gustaba al franquismo.

Continuó. Trabajando con Luis Eduardo Aute o componiendo temas para Mari Trini. Pero, sobre toco, produciendo prolíficamente obras propias como Once canciones entre paréntesis (1971), Palabra por palabra (1972), Posiblemente (1972), A donde el agua (1973), Como el viento del norte (1974), José María Iparraguirre, Patxi Andión’en era (1974), Viaje de ida (1976) y Cancionero prohibido (1978), con el que volvió a tener problemas.

En paralelo desarrolló una carrera de actor, inaugurada con El libro del buen amor (1975) y continuada con La otra alcoba (1976), de Eloy de la Iglesia. Allí conoció a Amparo Muñoz, que hacía su primer desnudo en plena era del destape. Se enamoraron instantáneamente. Se casaron, y se separaron a los 14 meses. Tiempo después el cantante contraería matrimonio con Gloria Monis. Tuvo con ella tres hijos.

Con el musical Evita (1981) se juntarían las dos facetas, editando el disco del mismo e interpretando al Che Guevara en la función. Sin embargo, ahí empezaba a vislumbrarse un futuro en el que no había mucho sitio para estrellas como él. Aunque como actor hizo Asesinato en el comité central (1982) o La estanquera de Vallecas (1987), y participó en la serie Brigada central (1989), en lo musical detiene su discografía con El balcón abierto (1986). Ahí, dándole un toque más pop a su música, lanzó Si yo fuera mujer, adaptación Se Fossi Una Donna de Andrea Mignardi. Ojo a la letra, no tiene desperdicio: «Si yo fuera mujer / a mí no me tocaba/ un tonto con coche / música de fondo /y pose de John Wayne /me daría el gusto de violarle a él».

A partir de ese punto el otrora galán desapareció del foco y empezó a cultivarse en otro ámbitos. Preparó una tesis doctoral, se volcó en la docencia (fue profesor en la Complutense de Madrid y dio clase en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca), publicó varios libros (entre ellos la novela La virtud del asesino en 1998) y asumió que el papel de los cantautores no conectaba con el momento que le estaba tocando vivir.

Todo hasta llegar a la década actual. Primero, lanzando Porvenir (2010). Luego, con 4DM (cuatro días de mayo) (2014). Y el año pasado, con La hora lobicán (2018). Celebraba cincuenta años de trayectoria en un ambiente más propicio para sus canciones y sus intenciones.

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