Para aprender a perder, el «Quijote»

José María Merino juega en su nuevo libro con los elementos literarios del texto cervantino, una obra que aconseja leer «cuando entiendes lo que es la melancolía»

José María Merino presentó en A Coruña, su ciudad natal, el libro «A través del Quijote»
José María Merino presentó en A Coruña, su ciudad natal, el libro «A través del Quijote»

«Es una relectura del Quijote, hecha cuando ya uno es mayor y cuando se puede permitir el lujo casi de jugar con el Quijote, que es un libro que amo mucho, que me influyó mucho». Así explica José María Merino (A Coruña, 1941) la aventura que le ha llevado a escribir A través del Quijote (Reino de Cordelia). Evoca el escritor y miembro de la RAE que antes de leer esta obra «había leído muchos libros que venían del Quijote, empezando por Las aventuras de Huckleberry Finn, La vuelta al mundo en 80 días, La hija del Capitán... Y luego cuando leí el Quijote dije: ¡Anda!, si yo ya lo había leído». Confiesa que a partir de entonces «siempre quise escribir un poco el Quijote, entrar en ese mundo. Porque lo cierto es que todos queremos escribir el Quijote. ¡Todos!. Y así, poco a poco, fui metiéndome en esto». El resultado es el libro que esta semana presentaba en la sede de la UNED de A Coruña, abriendo una nueva edición del ciclo La creación literaria y sus autores: Encuentros con escritores, que organiza el Centro de Formación y Recursos del profesorado y coordina Javier Pintor, con Xavier Seoane en la mesa de debate.

Apunta Merino que el clásico de Cervantes «está lleno de sugerencias que se pueden desarrollar, como yo he hecho, con todo el respeto pero también con toda la osadía». Este libro es el «producto de muchos años, de hacer una relectura distinta metiendo cuentos, microrrelatos, de meter algún personaje como el profesor Souto, a Sabino Ordás, Francisco Rico, Martín de Riquer... Una serie de eminencias y también investigadores inventados». Es «jugar con elementos literarios para hacer una especie de Quijote imaginario dentro del Quijote verdadero».

Uno de los atractivos de este volumen son las ilustraciones ya que por sí solas constituyen una historia de cómo ha sido imaginado Alonso Quijano y los personajes que le acompañan casi desde su invención. «Mi padre tuvo el Quijote ilustrado por Daniel Urrabieta Vierge. -explica Merino- Lo heredó mi hermana pero por una inundación o algo así se perdió». 

Ilustraciones de cuatro siglos

El escritor siempre lamentó aquella pérdida y reconoce su admiración por tantos ilustradores del Hidalgo. Para este libro tuvo la suerte de tropezar con un editor como Jesús Egido. «Me dijo: ‘Tú quieres imágenes. ¡Vas a enterarte!’. Por eso en el libro hay ciento y pico de ilustraciones del Quijote desde el siglo XVII hasta el XXI».

Para quien no haya leído el Quijote, Merino considera que este libro «le puede servir de estímulo» pero enfatiza que el clásico «no dejen de leerlo». 

«No es para niños»

De todos modos matiza: «Aquí, que leemos tan poco y hemos leído tan poco, pensamos que los niños deben leer el Quijote y no es un libro para niños. A lo mejor hay que leerles algún capítulo bien leído, pero no hay que empeñarse en que lo lean. Pero si leen Huckleberry Finn... hay una serie de novelas que están cargadas de espíritu quijotesco. Y del Quijote habrá que explicarles lo que era, los libros de caballerías, pero no hay por qué hacerles leer el Quijote». Recuerda su experiencia de lectura tardía «porque a mí me parecía un libro melancólico: Ese héroe que le rompen los dientes, le cortan la oreja, pierde todas la batallas... Pero, ¿qué héroe es ese? Cuando eres niño quieres que los héroes ganen, que triunfen. ¿Cómo puede ser un héroe perdedor?».

Por todo ello, considera que este clásico «hay que leerlo a partir de la adolescencia, cuando entiendes lo que es la melancolía, que se puede perder y que perder no quiere decir ser derrotado. Es decir, cuando alguien entiende esa complejidad». E insiste: «Es un libro para que la gente entienda como alguien lucha por la justicia y no gana nunca. Pierde, lo apalean...». Un clásico de perdedores que sirve para aprender a perder.

«Carlos Casares era el narrador oral más apasionante que he conocido»

Galicia suma un buen número de premios nacionales en distintos ámbitos. En el literario, José María Merino es uno de los pocos casos que ha hecho doblete, puesto que recibió el de literatura infantil y juvenil en 1993 por Los trenes del verano -No soy un libro- y el de narrativa, en el 2013, por El río del Edén. Evoca el escritor la amistad con autores y autoras gallegas a la que llegó «a través de los encuentros de Verines, que fue donde nos conocimos muchos escritores de las distintas lenguas». Tras destacar la importancia de esa cita, apunta que «ahora la gente joven tiene que ir ocupando el sitio. Mi hija estuvo el año pasado».

Al hilo de un comentario que solía hacer Víctor de la Concha en dichos encuentros -«Carlos, ¿qué cuentas?»-, Merino enfatiza: «Carlos Casares era el narrador oral más apasionante que he conocido en la vida y he conocido a algunos muy buenos. Pero es que Carlos Casares se ponía a contar y era el narrador de verdad. De pronto tenía una duda y decía: ‘No sé yo, ahora no se si lo recuerdo bien... ¡Sí, sí! Ya lo recuerdo’. Podía estar por la tarde de cuatro a ocho contando historias en el bar. Era algo increíble. Un narrador genial». 

Tras Cervantes, Galdós

Por otra parte, cuenta Merino: «Acabo de releer Fortunata y Jacinta porque creo que después del Quijote es la mejor obra de la literatura española y posiblemente la mejor obra del siglo XIX del mundo». Considera que la novela de Galdós «te permite conocer la España de aquellos años del siglo XIX, cómo era Madrid, cómo eran las clases sociales, qué pensaba la gente, cómo se relacionaban, qué pasaba con el dinero y el poder frente a la pobreza... Lo tienes todo: las tiendas de ropa, de cristal,... El modo de ser la gente. Estoy haciendo un viaje en el tiempo».

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