«Lectura fácil» da a Cristina Morales el Nacional de Narrativa

Se premia la «radical originalidad» de una reflexión «subversiva» sobre la normalidad, el poder y la capacidad de decidir

Cristina Morales, en una visita reciente a Ciudad de México
Cristina Morales, en una visita reciente a Ciudad de México

Madrid / Colpisa

¿Qué es la normalidad?. Esta pregunta late en Lectura fácil, la novela de «radical originalidad» que ha procurado a su autora, Cristina Morales (Granada, 1985) el Premio Nacional de Narrativa. «Es una reflexión sobre la normalidad, el poder y la capacidad de decidir», explicaba Morales sobre una ficción «de vocación subversiva» que la convirtió el año pasado en la narradora más joven del Premio Herralde de novela. Cargada de pinceladas autobiográficas, narra la historia de Marga, Nati, Patricia y Angels, cuatro familiares con diferentes grados de discapacidad intelectual que comparten un piso tutelado en Barcelona tras pasar por varios centros urbanos y rurales y que se rebelan contra la marginalidad que les imponen.

Concedido anualmente por el Ministerio de Cultura y dotado con 20.000 euros, el galardón público distingue a la mejor obra publica en el año anterior. El jurado destacó cómo Lectura fácil es «una propuesta radical y radicalmente original». También hace notar que la novela de Morales «no cuenta con una genealogía en la literatura española» y destaca su «recreación de la oralidad», a «unos personajes extraordinarios» y «su lectura del contexto político en el que se desarrolla».

Morales, que estaba en La Habana cuando se conoció el fallo, explicó en su día que su novela «habla de la Barcelona que me ha tocado vivir» desde que con seis años su familia se instalará en la Ciudad Condal. El título alude al movimiento de lectura fácil que en los años 70 adoptaron algunas bibliotecas planteando la bondad de la adaptación de clásicos para personas con discapacidad intelectual y que se amplió luego a otros grupos con otras dificultades lectoras.

Resistente

Atravesada por un ideario «radical, resistente y crítico con el feminismo institucionalizado», en su relato recrea Morales de las vivencias de sus protagonistas, unas mujeres que se rebelan desde la periferia y la marginalidad con unas conductas «subversivas» ante lo se supone que «deben ser». Se cuestiona así qué es la normalidad, para concluir que este concepto «es una ficción». «En el ámbito literario puede ser radical escribir lo que uno quiere», ha repetido la narradora.

Dibuja una Barcelona mestiza y opresiva, una ciudad de okupas y ateneos libertarios acuciada por el paro y los desahucios de la que Morales ha participado, y refiere la acciones de colectivos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. La propia autora vivía en espacios ocupados y dependía de «actividades de supervivencia» como el reciclaje de alimentos hasta que el Herralde normalizó su situación.

Ha contado que se presentó al premio de Anagrama después de que el sello Seix Barral le propusiera autocensurarse y suprimir uno de los capítulos dedicado al fanzine que para Morales «es una parte central del libro». Bailarina además de escritora, reconoce que sus textos tienen «algo de performance». Tanto, que con su compañía ha llevado a escena una secuencia de la novela ejecutada por el personaje de Marga acaso el más subversivo del cuarteto.

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