Dima Slobodeniouk: «Hay proyectos, como las orquestas y los coros juveniles, en una situación de peligro real»

Tras renovar por tres temporadas, el director titular de la OSG advierte de la urgencia de un mayor compromiso con la formación

Dima Slobodeniouk hace un balance muy positivo de su período como director titular de la OSG
Dima Slobodeniouk hace un balance muy positivo de su período como director titular de la OSG

redacción / la voz

Llegó en el 2013 para asumir la dirección de la Orquesta Sinfónica de Galicia y acaba de renovar otras tres temporadas. Dima Slobodeniouk (Moscú, 1975) hace un balance positivo de este período -«Hemos tenido un repertorio muy variado, lo cual es bueno para el público, la orquesta y para mí»- pero también advierte de la inestabilidad que se cierne sobre los planes de la formación, amenazados por cuestiones financieras y por lo que interpreta como una falta de voluntad y de apoyos hacia la OSG.

-¿Qué espera de estas tres nuevas temporadas?

-Atravesamos tiempos complicados, pero espero que los próximos tres años supongan un ascenso para que la orquesta siga evolucionando. Esta orquesta tiene una consideración al más alto nivel, no solo en España, sino internacionalmente, y odiaría que eso cambiase. Nunca estás lo suficientemente alto, siempre puedes aspirar a más. Es algo que no puedes medir. Pero, para la orquesta, supone la capacidad para renovarse. Es como un árbol, que necesita crecer, aunque es difícil predecir cómo lo hará. Tiene que absorber minerales y ganar fuerza para hacerlo. Y los árboles no solo crecen a lo alto, a veces también lo hacen en amplitud. Es algo orgánico. No siempre puedes tocar más rápido y más alto, no se trata de eso. Es un proceso que necesita mucha energía, que transmitimos la orquesta y yo, pero también los puestos administrativos, así como la ciudad y Galicia, todos los interesados en la orquesta.

-La crisis económica les habrá afectado muy directamente.

-Claro que afecta. La situación económica, comparada a la de hace diez años, ha cambiado a mejor. Pero ahora mismo sufrimos los constantes cambios del escenario político. Y no hay una voluntad clara hacia la orquesta, los coros, Son Futuro y los demás proyectos. Fue fuerte antes, se mantuvo durante mucho tiempo, pero es responsabilidad de todos mantenerla. Y a veces me gustaría que hubiese mayor continuidad en las decisiones políticas. Pero ahora estamos sufriendo.

-Ha mencionado la faceta educativa de la orquesta, varias generaciones de jóvenes, que son futuro musical para Galicia.

-Es un problema actual, ya no solo del futuro. Lo estamos sufriendo ahora. Hay proyectos, como los coros o las orquestas juveniles, que están en una situación de peligro real. Con el presupuesto que tenemos no podemos planificar. Y con el presupuesto de la orquesta no sabemos qué va a pasar en el próximo año. No sabemos de verdad qué va a ocurrir con cosas que ya hemos planificado. Y el dinero que ha dejado de poner la Xunta… A veces hay momentos difíciles, todo el mundo lo entiende. Pero cuando ese trata de algo que ya está comprometido y una parte no cumple con lo pactado, me suena a ignorancia. Y de esto hablaba antes: la continuidad en las decisiones políticas no existe. Había personas que apoyaban con fuerza la orquesta, pero ya no están. Y es muy fácil darlo por sentado. «¡Ah, tenemos la mejor orquesta!». Pero necesita apoyo. Esta orquesta, como cualquier otra institución, necesita apoyo financiero.

-¿Qué medidas o acciones urgentes se necesitarían?

-Solo con devolver esos cinco millones que dejaron de ponerse en un tiempo razonable haría nuestra vida más decente. Es una parte muy importante de nuestro presupuesto, es una cantidad muy grande. En los últimos años hemos tenido que cancelar muchos proyectos debido a la imposibilidad de conseguir apoyos adicionales. Y ya no hablamos de apoyos extra, sino de algo que se firmó por escrito. En Rusia, y también en Finlandia, hay un refrán que dice: «Escupes en tu propio vaso». Tienes un festival al que traes estrellas y un año que no tienes dinero no puedes. Vale. Pero cuando tienes algo que es único para este lugar y en el mundo cultural, no solo la orquesta y su coro, sino los proyectos educativos y todo lo que se ha construido... Si aquí deja de importarnos, ¿entonces a quién va a importarle? Me siento orgulloso de vivir en Galicia y de ser el director titular de esta orquesta, con una reputación tan importante.

«La música es muy gratificante, pero absorbe toda tu energía»

En los últimos meses Slobodeniouk ha dirigido a formaciones como el Concertgebouw de Ámsterdam, la japonesa NHK Symphony Orchestra, la Filarmónica de Seúl o la Tonhalle de Zúrich, entre otras. «Cada una es un mundo. Las piezas interpretadas por OSG suenan a la OSG y nada más, no se puede repetir en otro lugar», asegura.

-Usted también pilota aviones. ¿Es más difícil la cabina o el atril?

-Lo sería el atril si no se tratase de música. Si estuviese ante los componentes de la orquesta y nuestro objetivo fuese controlar una maquinaria muy complicada, cuyo objetivo fuese volar, entonces sería más difícil. La música es muy gratificante, pero absorbe toda tu energía. Es una forma de vida, no solo tu trabajo. Me alegro de que esta profesión sea tan subjetiva. Hay cosas que puedes aprender y otras que no.

-¿No veremos un robot dirigiendo, como en «Mozart in the Jungle»? Falta el factor humano...

-Sí, es verdad. De hecho, colaboré con una compañía que desarrolló un robot. El director se ponía un traje especial, lleno de sensores, y se comprobaba si el ordenador podía seguirlo. El resultado fue que es un proceso complicado, no solo músico, sino también psicológico. Por eso tantas empresas quieren hablar con nosotros. Quieren saber cómo se trabaja con 85 personas sobre un escenario con un objetivo común. ¿Está todo medido y controlado por mí, o no es así? Y, si no lo es, ¿cómo llegas a ese objetivo sin forzar a la gente? Es un viaje de ida y de vuelta. Nunca los fuerzo, pero intento que sepan lo que quiero de ellos y a dónde vamos. Es química. Vine aquí y funcionó. En otros sitios quizá no. Como dice, el factor humano es esencial.

«Las ‘Danzas meigas’ de Groba desbordan oxígeno»

La OSG abre este viernes su nueva temporada (Palacio de la Ópera de A Coruña, 20.30 horas; sábado, 20.00 horas) con un programa en el que conviven la Sinfonía de los salmos de Stravinski, el Bolero de Ravel, un Concierto para violonchelo de Saint-Saëns y una selección de Danzas meigas de Rogelio Groba.

-Stravinski fue de los últimos grandes compositores en escribir música sacra tan relevante. Han cambiado muchas cosas desde su época...

-Sí, tiene razón. Es verdad. No hubo muchos compositores que se atrevieron a escribir música sacra. Algunos hacen música espiritual, aunque sin una religión claramente detrás, como Arvo Pärt, por ejemplo. O Penderecki, incluso. Tienen un aspecto más espiritual. Nuestra sociedad ha cambiado mucho. En Finlandia, que tiene el que se considera el mejor sistema escolar del mundo, prohibieron salmos luteranos o algo que provenga solo de la confesión luterana, porque se supone que tienes que estar abierto a todas las religiones. Nuestro mundo es un reflejo de esto. Para mí es una obra muy importante. Está escrita en latín y tiene un pequeño pasaje ortodoxo en el tercer movimiento, en el que el coro canta «Aleluya», que no sueles escuchar en la música occidental.

-No se suele programar mucho el «Bolero», uno de los grandes éxitos de la música clásica, supongo que por cansancio. Pero a veces también se puede uno dar el gusto de escucharlo en directo y no el coche o en casa...

-Además, en el coche o en casa, aunque tengas un buen equipo de alta fidelidad, no te llegan todas las dinámicas. Es una experiencia acústica. Escucharlo con tus auriculares no es lo mismo. Debo admitir que es la primera vez que dirijo el Bolero de Ravel. Por esa misma razón. Nunca lo programo. No diría que es una experiencia religiosa, pero sí espiritual. El propio Ravel quería que fuese escenificado, quería poner detrás una gran fábrica y que los obreros se uniesen a la danza a medida que salían.

-Imagínese que no conoce nada de Galicia. ¿Cómo se la imaginaría escuchando las «Danzas meigas» de Groba?

-Ah, me hace sonreír. Esta música tiene mucho aire en ella. Es como si desbordase oxígeno. Es hermosa, muy rítmica. Es como, no sé, estar ante el mar aquí. Aquí hay personas que tienen una gran energía, aunque al principio no siempre te dejan verla. Parece que se esconden tras un telón pero luego te das cuenta de que están llenos de energía y que cuando te dicen algo lo dicen de verdad. Estoy muy contento con estas obras.

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