Isaac Cordal, el Banksy gallego que apuesta por sus propios liliputienses

El artista plantea una crítica social a través del emplazamiento público de sus obras


redacción / la voz

Recuerdan a los liliputienses de Los Viajes de Gulliver, pero en realidad son las obras más características de Isaac Cordal, un escultor pontevedrés que recorre el mundo con sus creaciones. Emplazadas en espacios públicos, cualquier transeúnte puede toparse con estas pequeñas personas en medio de las calles de Carballo, Vigo, París, Murcia e Indonesia, entre otros. «Me interesan los lugares en los que haciendo zum se convierten en un universo por sí mismos, como un paisaje amplificado lleno de nuevos significados», reflexiona Cordal.

Hombres diminutos de mediana edad, grises y apáticos. Así son los protagonistas de Cement Eclipses, la serie de esculturas con la que busca representar un «estereotipo social relacionado con la burocracia, el poder y el patriarcado, en un intento de condensar en su apariencia nuestro declive como especie», explica el artista.

Al igual que el famoso Banksy, el escultor no duda en hacer con ellas una denuncia social porque, tal y como indica, «estamos inmersos en tiempos convulsos». Sin guardar el anonimato, confiesa que la intención de sus obras es «reflexionar sobre el presente, el progreso, la burocracia y la política que nos salpica en cada una de nuestras decisiones». Son esculturas explícitas en las que se puede captar rápidamente el mensaje que quiere transmitir el autor: desde un hombre ahogado por la presión social o el estrés laboral, un sanitario que rescata a un animal de un paisaje desolador en el que solo hay plásticos o un hombre trajeado con su maleta navegando a la deriva, hasta un ciudadano amenazado por las alturas y los pinchos antipalomas.

Espontaneidad y conservación

Toda escultura emplazada en medio de la calle corre el riesgo de ser estropeada por los transeúntes que, intencionadamente o no, se topen con ella. Cordal explica al respecto que hace dos tipos de «intervenciones»: efímeras y permanentes. Las primeras las realiza en el suelo o charcos de agua para «hacer una foto sobre una idea concreta» para inmortalizar la obra. En estos casos, el espacio cobra tanta importancia como la escultura ya que «semánticamente se complementan». Las pensadas para estar de forma permanente están emplazadas en lo alto, en cornisas y cables de luz. «Pasan bastante desapercibidas», añade. Con todo, reconoce que «cuando se hace algo en el espacio público es imprevisible lo que puede ocurrir. Nunca sabes cuánto tiempo va a durar en perfecto estado».

A pesar de que los exteriores son los lugares más elegidos para las esculturas de Cordal, también tiene varias exposiciones que se pueden ver en museos y galerías de todo el mundo. «He instalado recientemente una en Obrestad (Noruega), que se llama Esperando al cambio climático». El artista está preparando ahora una nueva muestra que saldrá a la luz en septiembre y que se podrá ver en Montreal (Canadá). Por el momento, guarda su contenido para ser fiel a su espontaneidad.

Internacionalización

Isaac Cordal pudo internacionalizar su trabajo gracias a una beca de la Fundación Barrié de la Maza, que le permitió estudiar dos años en Londres. Allí, el autor comenzó a desarrollar sus obras, que hoy día recorren escenarios por todo el mundo. «En Galicia debería haber más ayudas para creadores, hay un potencial tremendo», lamenta el artista. Reconoce que, sin ellas, crecer es «muy complicado».

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