Si una película lleva tu nombre en el título eso es -era, ¡ay!, que esa época murió- el star system en estado puro, o sea que la gente va al cine a verte a ti, solo a ti, tipo Las aventuras de Charlot, Querida Brigitte (Bardot) o John Wayne y los cowboys. Y eso lo tuvo la señora Kappelhoff, que era el verdadero apellido, con sonoros orígenes alemanes, de esta rubia reina de las comedias románticas elegantes, «de teléfono blanco». Siendo niños de los sesenta, en el umbral de la adolescencia, vimos infinidad de veces Doris Day en el Oeste, enamorados a rabiar de su aguerrida Calamity Jane que reinaba sobre el pescante de una diligencia, tocada con la gorrita de la Unión, vestida con una cazadora india de flecos, las caderas ceñidas por cananas con fálicas pistolas. El erotismo era eso entonces. ¡Qué extrañas pulsiones!
Y todo a pesar de que Doris Day era, supuestamente, edulcorada -«mi médico no me deja ver sus películas, tengo diabetes» dijo alguien-, áurea blandita all american girl, «virgen oficial de América» según la lengua viperina de Louella Parsons que mordió Groucho Marx: «Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de ser virgen». Sí, la señorita Day -¿se puede elegir un apellido más apropiado?-, fue un canario dorado que cantaba aquello de «¿Qué será, será?» -en español- seguido de un «whatever will be, will be…», por si no se entendía la melancolía de la pregunta. Y fue que la canción quedó en nuestro imaginario afectivo; Doris se la cantó a Hitchcock, el amigo de las rubias, en El hombre que sabía demasiado y, seguramente, se la susurró también a su amado amigo Rock Hudson, falsa pareja de pega para acallar rumores homosexuales en el Hollywood puritano de las apariencias.
Pero Day no fue solo pantalla decorativa de imposibles ojos azules, aparentemente inocua y biempensante, también llegó a ser buena actriz, algo que se suele olvidar, nominada al Oscar por su gran encarnación de Confidencias a medianoche.
En fin, todas esas cosas, que son de un mundo remoto, construyeron una parte de nuestra más tierna vida sentimental.