El matrimonio sin techo ni ley de Elisa y Marcela, en un filme «muy Coixet»

La cinta sobre estas dos pioneras gallegas de la igualdad, que se casaron en la coruñesa iglesia de San Jorge a inicios del siglo XX, se estrenó en la Berlinale

Coixet posa en la alfombra roja de la 69.ª Berlinale con Natalia de Molina y Greta Fernández, protagonistas de «Elisa y Marcela»
Coixet posa en la alfombra roja de la 69.ª Berlinale con Natalia de Molina y Greta Fernández, protagonistas de «Elisa y Marcela»

Berlín / E. La Voz

Pasó este miércoles por la Berlinale una cineasta que se ha partido el alma en defensa de todas las libertades civiles, una actitud aplicada coherentemente -tanto en su filmografía como en su propia vida- a la convivencia omnicomprensiva con cualquiera de las formas de amar, desde mucho antes que surgiesen las tan necesarias y liberatorias leyes de matrimonio homosexual. Una autora que presentaba una película que nos hablaba desde el apego de su historia al mar, a todos los mares que han influido en su vida: el Atlántico, el Mediterráneo. Hablo de Agnès Varda, dama sin la cual no se entiende la nouvelle vague y que, a estas alturas, puede permitirse hacernos felices con un largometraje como Varda por Agnès.

También pasó Isabel Coixet. Lo hizo con su reconstrucción de la legendaria aventura emocional de dos mujeres que desafiaron a su tiempo para casarse, vivir y amar sin atenerse a las leyes de hierro de la sociedad heteropatriarcal de comienzos del siglo XX. Un matrimonio del que dio primicia en ese momento histórico La Voz de Galicia, tal y como se visualiza en la propia dramatización de la película.

Como proyecto, Elisa y Marcela tiene su matriz en una idea para televisión en clave de presupuesto ajustado, antes de que entrase Netflix en la operación y esto ampliase sus expectativas. Esa limitación y el rodaje apresurado puede explicar el tono melodramático del guion, desarrollado de acuerdo a unos cánones muy básicos, sin aristas. También la cuestión de los acentos, en la que solamente un personaje anecdótico -precisamente el de un atrabiliario y ceñudo agresor de la pareja de amantes, interpretada por Natalia de Molina y Greta Fernández- se expresa con clara musicalidad galaica. Y en todos los demás casos -y hablamos del entorno rural de la montaña de A Pobra do Brollón- los niños y sus maestras hablan en un perfecto castellano neutro.

Las actrices Natalia de Molina y Greta Fernández en una escena de «Elisa y Marcela», película de Coixet que se presentó en la pasada Berlinale
Las actrices Natalia de Molina y Greta Fernández en una escena de «Elisa y Marcela», película de Coixet que se presentó en la pasada Berlinale

Cuestionada esta anomalía en la rueda de prensa posterior a la proyección en el Hyatt Conference, Isabel Coixet afirmó que «estaba perfectamente documentada» y que, «en ese tiempo, en Galicia, todos los niños hablaban como en la película». También es chocante que un actor de Algeciras -Manolo Solo- y el catalán Lluis Homar sean la elección de casting para platicar en un portugués «de bacalhau» que espero no genere malestares lusitanos.

El romance de Elisa y Marcela tiene un inesperado tercer interviniente que ha protagonizado todos los corrillos posteriores al pase: la secuencia del literal ménage à trois de las dos actrices que comparten desnudez con un pulpo de cuerpo entero nace de un salto de eje mental en la asepsia del guion. Pero ya antes, un plano donde el paseo de las dos mujeres por la playa se filma de manera harto curiosa desde detrás de los tentáculos de dos cefalópodos lleva a pensar en el extraño link establecido por la directora entre el pulpo y las pasiones libres.

Los créditos y el palmarés

No descarten que la película de Coixet pueda figurar en el palmarés. Su recurrencia en los créditos finales a la ley de Zapatero, a los países donde todavía no existe matrimonio homosexual y aquellos donde está penado -con fotos actuales de parejas que han podido ejercer ese derecho- apela al compromiso gay friendly de la Berlinale. Y el jurado lo preside Juliette Binoche, protagonista con la cineasta de Nadie quiere la noche. Dirán que cuesta entender que esta Elisa y Marcela sea una lectura fílmica coetánea a la de obras como Carol o La vida de Adèle. El secreto lo tiene el pulpo.

 Primera plana del 30 de junio de 1901

«Un matrimonio sin hombre». Así rezaba el título de la pieza que acompañaba la fotografía de la boda de Marcela y Elisa que presidió la primera plana de La Voz de Galicia de aquel 30 de junio de 1901. Elisa, que compareció ataviada como Mario, consiguió así casarse con Marcela en la iglesia coruñesa de San Jorge, en una historia que conmocionó a la sociedad de la época. Su valentía pionera ha sido abordada por la literatura, el teatro y, ahora, el cine.

La jornada en Berlín aún deparó un turco resabiado y una alemana de culto secreto

Va llegando a su fin la competición de esta 69.ª Berlinale sin nuevos chispazos de genio a la vista. El filme turco Historia de tres hermanas, de Emin Alper, parece querer estructurarse como cine parasitario del inimitable estilo del gran Nuri Bilge Ceylan en sus acercamientos cuasiteatrales a los dramas rurales de la Turquía profunda. Pero todo en esta película es de un mal academicismo pastoso, impostado, sin un ápice del fulgor que hace de Ceylan un grande del séptimo arte de este tiempo.

La cinta alemana I Was at Home, But la firma una cineasta de las que recibe adoración nocturna por parte de ciertos círculos de la crítica. Se llama Angela Schanelec y recuerdo que me interesó algún filme suyo precedente. Pero lo que presenta esta vez es una de esas piezas donde todo son metáforas seguro que profundísimas en torno a una bicicleta de segunda mano que le ha salido rana a la protagonista, reflexiones a voz en grito sobre la necesidad de que el cine sea un arte honesto con el espectador. También hay animales totémicos -sale bastante un conejo-. Y metalecturas de Hamlet y Laertes. El castigo que sufres tratando de no perder pie en medio de tal fárrago es inmerecido. Pero ya ha salido la avant-garde a bendecirla como la película del festival. Yo aún confío en que triunfe la furia del realizador israelí Nadav Lapid y su ferozmente antipatriótica Synonymes.

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