El dúo vigués Presumido, que empeñó el año pasado sus instrumentos para recuperar la libertad editorial, publica la primera parte de su proyecto «Cuatro estaciones»
23 ene 2019 . Actualizado a las 05:00 h.No es Presumido un grupo al uso. Y su último movimiento así lo demuestra. Invierno, un epé de tres canciones que acaba de ver la luz, es el primer capítulo de una segunda vida artística para la cual los vigueses tuvieron que empeñar sus instrumentos. Románticos empedernidos y fascinados por la cultura pop, Tarci Ávila y Nacho Dafonte se veían atascados con su anterior discográfica. Decidieron romper con todo ayudados por sus fans. Convocaron un crowfunding para recuperar su material de trabajo y pusieron las bases de Las cuatro estaciones, lo que será su nuevo trabajo.
Ya se puede escuchar el primer cuarto de esa pizza de cuatro gustos que genialmente plasma el diseñador gallego Thisismaurix en la portada del epé. En él se encuentra un giro al sonido de Vendetta (2017), su disco de debut. Los claroscuros se pronuncian. Las canciones combinan con mayor contraste tensión, relax y esos fogonazos de luz que llevan a la pista de baile. Pero también aparece una rítmica más depurada por ese hielo al que invocan.
Es el resultado de mezclar el lado electrónico, apabullante y de subidones, del rey Midas Max Martin con los intrincados quiebros subterráneos de Moderat. Se trata de la consecuencia de apelar al sentimentalismo abrupto del Bon Iver de 22, A million con la interpretación desacomplejada de Tino Casal, referencia clave del grupo que ahora se ve acentuada. Se encuentra ahí el fruto de estos devotos totales de Depeche Mode que, por ahora, adaptan su espectáculo de estadios a pequeñas salas de conciertos.
Grabadas en el frío inviernal por Iago Lorenzo y masterizadas en Alemania por Robin Schmidt (Placebo, Two Door Cinema Club, Mando Diao), El rey azotado, La ley del hielo y Amapola desnuda inauguran esta etapa mostrando la doble cara del dúo. La primera de ellas apunta directamente al hit, con contención interpretativa, soniquete identificativo que actúa como la campana de Pavlov y un estribillo rotundo que llega al final.
Sus acompañantes apelan más a los ambientes gélidos que demanda el título. En La ley del hielo de modo puntillista, pero con un éxtasis sintético final que mira abiertamente el mainstream. Amapola desnuda, de pretensiones envolventes, va al ralentí. Perfecta para cerrar el elepé cuando llegue. Pero antes aún queda la primavera, el verano y el otoño musical de este dúo fascinante.