En la punta de la llama


Debo confesar que nunca bailé Still Loving You en plan lenta de discoteca. Más que nada porque a mediados de los 80 no había quien se me acercase para hacerlo. Carne de barra que era uno. Tampoco se me puso la piel de gallina con Lick It Up, aunque su venenoso estribillo fuese más pegajoso que un tubo abierto de Supergen. Aun no siendo de mi particular credo trallero, en fin, sostengo ante quien sea que Scorpions y Kiss son dos elecciones poderosas a la hora de mantener el nivel creciente que el Resurrection Fest ha firmado en sus últimas ediciones. El repertorio del viejo Klaus Meine (al que ya cuando triunfaba le iba faltando pelo) y su banda contiene aquel azúcar glaseado que los empoleiró a lo más alto, pero también grandes clásicos del hard rock que los alemanes aún visitan con solvencia. Qué decir de la pareja Simmons-Stanley, capaces de enfundarse todavía sin empacho sus disfraces de superhéroes de cómic y animales sexuales, con ese maquillaje setentero que parece sacado de una máquina del tiempo. Son la pintura de guerra bajo la que se guarecen apuestas tan potentes como At the Gates, Crowbar, Angelus Apatrida, que son como de casa, el antiguo cantante de Gallows, Prophets of Rage o los propios Ghost. Se diría que el Resu ha alcanzado el mismo territorio de equilibrio que los vecinos de A Illa invocan cuando aseguran estar «na punta da llama». Que arda. Combustible no falta.

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