Mejuto, un pintor en la Corte

El artista gallego inauguró ayer una exposición en Madrid en la que, desde su óptica geometrizante, reinterpreta obras de maestros barrocos y renacentistas

Mejuto, comentando ayer una de sus pinturas
Mejuto, comentando ayer una de sus pinturas

Redacción / La Voz

El pintor gallego Vítor Mejuto inauguró ayer exposición en la galería madrileña Formato Cómodo, ubicada en la calle Lope de Vega, muy cerca del museo del Prado y del Congreso de los Diputados. Pintor en la Corte, su título, cobra en este espacio un amplio sentido, una rica significación. Mejuto trata de establecer «una narrativa puente» entre su pintura y la que dejaron los creadores del Renacimiento y el Barroco, en un claro reconocimiento de su absoluta contemporaneidad. De sobra conocida su inclinación por el arte geométrico, el autor parte en este proyecto de «la minuciosa geometrización con la que se construyen las grandes obras maestras». La ternura que brota de la torpeza del debutante, explica, le condujo después al Quattrocento, «un momento en el que tantas veces los pintores afrontaron un tema por primera vez».

Anda así Mejuto desde hace un tiempo con un ánimo de revisión, de recreación: jugar con una idea previa, sobre elementos clásicos de la historia de la pintura. «Este empeño -anota- produce una gran variedad en las formas y hace que cada obra no se construya sobre las anteriores, como es común en las series, sino sobre un nuevo tema, ajeno a mi trabajo y a mis inquietudes personales». El planteamiento da lugar a sorpresas y obliga a recorrer el camino de otro «hasta que lo abandonas, encuentras un atajo o simplemente abres una vía diferente», a menudo sacrificando aspectos del original. «Una obra inédita crece y reclama su independencia -corrobora el autor-. Es una lucha entre lo que nace y lo que ya existía, que además es parte de nuestro acervo visual».

El proyecto surgió a raíz de su serie Prado, en que realizaba interpretaciones de obras de la pinacoteca: sintió la urgencia de continuar por un tiempo en el camino de la traducción. Eso sí, de otro modo. «Estos cuadros recientes son menos deudores de sus hermanos del pasado. He pintado aspectos parciales de las obras. He querido ser más escueto en el dibujo, menos descriptivo. Más esencial. Entrar y salir del cuadro para pintar su recuerdo. Su capacidad evocadora», señala.

La serie El sepulcro vacío, que podría ser el corpus de la exposición, responde a esta idea. A partir de la Resurrección de Lázaro de Juan de Flandes, comenzó a coleccionar sepulcros y a estudiar la manera en que los pintores afrontan su representación. «Cuanto más humilde es el tema -advierte- más potente es su solución geométrica. Este trabajo es un retrato del espacio. Una idea sencilla sobre el inevitable encuentro entre foso y losa».

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