Piratas en mares de celuloide

Eduardo Galán Blanco repasa en el libro «¡Al abordaje!» los grandes personajes que el filibusterismo ha dado al cine a través de más de 400 películas del género


redacción / la voz

El escritor e ilustrador norteamericano Howard Pyle, autor del clásico Libro de piratas (1921), lo expresó con claridad meridiana: «¿Qué niño no ha preferido ser pirata antes que parlamentario?». Lo invoca Eduardo Galán Blanco (Ferrol, 1957) en las primeras páginas de ¡Al abordaje! (Editorial Rosetta), que, como su subtítulo indica -Piratas en el cine y la televisión-, es a la vez un recorrido y un canto a los muchos personajes inolvidables que el celuloide ha encontrado en el filibusterismo. «Para los niños de mi generación el cine era una patria afectiva, un refugio frente a la realidad. Es consustancial a la infancia reconocerse como un proscrito, porque te sientes fuera del mundo de los adultos», explica el crítico de cine de La Voz.

¡Al abordaje! compendia, con referencias a más de cuatrocientas películas, lo que ha sido la presencia de bucaneros y corsarios en el cine desde sus mismísimos inicios: aunque la cinta no ha sobrevivido, se tiene noticia de la aparición de un pirata en el Robinson Crusoe de 1903 de Méliès. Pero, en realidad, el libro, que se presenta el próximo jueves día 15 -Librería Cronopios de Santiago, 19.30 horas-, es mucho más que un mero tratado fílmico. Hay en él historia de la piratería, sus conexiones literarias y artísticas, sus códigos, arquetipos y constantes: tesoros y mapas, abordajes y plancha, náufragos y marooners.

De sátrapas a héroes

No pocas veces Hollywood convirtió en héroes románticos a asesinos sanguinarios: «Es cierto que el filibustero de las películas era una mixtificación total de los grandes sátrapas marítimos de la historia», reconoce Galán. «Ya sabemos que la maldad es más cinematográfica que la bondad y los borrachones y pendencieros del mar dan pie a caracteres eternos: el Barbanegra de Robert Newton, esa especie de capitán Haddock desnaturalizado y miserable que es el Walter Matthau del Piratas de Polanski o el melifluo Charles Laughton de El capitán Kidd», enumera.

En todos estos relatos y personajes se puede rastrear su filiación hasta la fuente primigenia: La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson. «Es la novela de las novelas, lo es todo». Sus adaptaciones al cine son incontables. «Es la fuente de toda película pirata, el encuentro de un viejo canalla y de un chaval virginal que nos arrastra a la aventura y que trae la amistad, la traición y la autotraición también, así como la pérdida de la inocencia. Long John Silver representa todos los piratas en uno: es buen camarada, también padre artero y cruel, pero solo si es necesario», dice Galán.

En esta travesía no faltan las referencias gallegas. El crítico cita algunas como Los tesoros de Caracona, de Alber Ponte, o la «breve genialidad de Ignacio Vilar sobre Isla, cofre mítico de Eugenio Granell», aunque le gustaría ver en la gran pantalla al pirata gallego Benito Soto, objeto de un «inteligente documental» de Ricardo Llovo y Joaquín Pedrido.

Aunque a veces la mirada adulta puede arruinar el recuerdo infantil, Galán se sigue emocionando con los grandes clásicos con Wallace Beery, Tyrone Power, Jean Peters, George Sanders... «Son amigos que aún no me han fallado». Y, además, cree que los piratas sigue teniendo hoy «una actualidad total frente a los canallas del capital, armados con gemelos y corbata. Y hay mucho de actitud anarquista en ello. Alguien dijo que los piratas no perseguían hacer historia, sino que querían huir de la Historia», concluye.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Piratas en mares de celuloide