«Cincuenta sombras liberadas», el fin de la tortura

Lo pretendidamente rompedor que se nos vendía en un inicio, ha ido dando paso a una historia tremendamente edulcorada con escasos paréntesis de escarceo sexual tratados de modo cada vez más «light»


El fin llega, aleluya, a esta infumable trilogía. Y no dudo en expresar mi alegría. Si algo de positivo podemos achacar a este filme es precisamente eso, que suponga el punto y final a la muestra en pantalla de la relación obsesiva y dependiente de Anastasia Steele y Christian Grey, el final de tanto erotismo de mercadillo envuelto en estética de anuncio de perfume (o coche) caro con música sensual de Rita Ora. El fin de una historia supuestamente escandalosa que no es más que un cordero con piel de lobo, una conservadora novela rosa vestida con tintes sadomasos que se diluyen con el paso de los filmes...

Objetivamente, esta es, sin duda, la peor película de la trilogía. Lo pretendidamente rompedor que se nos vendía en un inicio, ha ido dando paso a una historia tremendamente edulcorada con escasos paréntesis de escarceo sexual tratados de modo cada vez más light. Y como puntilla, en un intento de dotar de intriga al argumento, aparece una trama de venganza, secuestro y espionaje cuya tensión argumental es equiparable a la química que hay entre sus protagonistas. Es decir, bastante escasa.

Esta pretendida seriedad de pseudo-thriller erótico de lujo con intensidad de sentimientos, donde culmina la evolución del protagonista masculino de jefe cañón con trauma infantil a marido redimido y celoso (más preocupado ahora del hecho de que su mujer haga topless que de meterla en la habitación roja del placer), es también el culmen de lo que claramente se nos venía mostrando; el sometimiento al poder y control masculino en la relación de pareja, donde la mujer hallará pequeñas victorias, pero solo dentro del ámbito del matrimonio.

Una no puede más que preguntarse a qué se refieren aquellos que ven una muestra de empoderamiento de la mujer en estos filmes, a los cuales defino más bien como un atentado al gusto, ya no cinéfilo, si no cinematográfico en general. Hasta nunca Christian y Anastasia, el placer ha sido vuestro.

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«Cincuenta sombras liberadas», el fin de la tortura