Velada de amores transfigurados


Este décimo concierto de abono de la OSG (Orquesta Sinfónica de Galicia) nos permitió descubrir a un joven director de orquesta, el finlandés Klaus Mäkelä (1995). Pese a la edad, sorprende su actitud de autoridad, basada en profunda musicalidad, gestualidad nítida y segura, temperamento, buen ritmo, planificación de las voces orquestales y la sentida cantabilidad propia de un chelista. El público lo percibió como futura figura de la dirección de orquesta. Y lo ovacionó.

La primera obra en atril fue la Obertura, scherzo y finale de Robert Schumann (1810-1856), frustrada segunda sinfonía de un Schumann que seguía los consejos de su esposa, Clara, pianista y compositora, de elevar a dimensión sinfónica sus geniales ideas pianísticas y liederísticas. Se percibe la personalidad de Robert con sus dudas musicográficas y psíquicas. Tuvo relevancia.

El Concierto para piano y orquesta n.º 3 de Béla Bartók, escrito en 1945, en pleno exilio norteamericano, pertenece a su estilo tardío. Bartók, enfermo de leucemia, con esta partitura, le dejó un legado a su joven esposa la pianista Ditta Pasztory. Está llena de evocaciones de su vida y de su obra, de músicas anteriores, de la naturaleza, del amor y de búsqueda de serenidad, quizá resignación. Se trasluce en el elevado adagio religioso, sublime página, no exenta de agitaciones y angustia. El piano se integra, con su modus percutivo y sus voces graves y aflautadas, en el sentimiento que impregna la obra. Javier Perianes aportó musicalidad y sabiduría, que demostró también en el misterio otorgado a la fantástica La cathédrale engloutie, de Debussy, con la que agradeció los aplausos.

En Noche transfigurada Arnold Schönberg (1874-1951) busca estímulos de orden literario -se basa en el poema Verklärte Nacht, de Richard Dehmel-. Temprana y turbia historia amorosa, que se transfigura en luz ante el perdón y la alegría de la vida. Le quedaban a Schönberg 24 años para abordar dodecafonismo y atonalidad. Luego de esta obra, de 1899, intensa, de claroscuros, genialmente urdida, de los Gurre Lieder, iniciados al año siguiente, quizá no le quedaba otro camino. Sugerente lectura de Klaus Mäkelä y la OSG en formación de cuerda.

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