Un Tolstói complejo, humano y poliédrico, retratado en el lienzo de los testimonios

El miércoles llega a las librerías el segundo tomo biográfico sobre el conde ruso elaborado por la traductora y estudiosa Selma Ancira


Redacción / La Voz

No es una exageración decir que Selma Ancira (Ciudad de México, 1956) es una de las persona que más y mejor conoce al conde Lev Nikoláievich Tolstói (Yásnaia Poliana, 1828-Astápovo, 1910). Ya sirvió un completo retrato íntimo del autor ruso cuando preparó para el sello Acantilado los dos amplios volúmenes que recogen una antología de los diarios y también el de la correspondencia. Para ello dedicó prácticamente un decenio a trabajar sobre el contenido de los 45 tomos que ocupan los diarios (13) y la cartas -más de 8.500 misivas componen los últimos 32 libros de los 90 que ocupan las obras completas-. Allá en Moscú se empapó del universo artístico y personal de quien es considerado en su patria el más grande escritor de la lengua rusa. Sin embargo, la condición de autorretrato de aquel dibujo no le dejó satisfecha -Tolstói exponía la imagen del modo en que él prefería- y se propuso profundizar en «el personaje vivo», no tanto en el literario, pintando sobre el lienzo de los testimonios.

No desecha Ancira incluso la arcilla de la ficción que consolida ese mosaico, porque las teselas han sido fabricadas con las voces -y sus recuerdos más o menos fidedignos- de sus contemporáneos, de quienes lo trataron, conocieron, apreciaron, admiraron o simplemente llegaron a observarlo en algunas de sus muchas facetas del vivir, la del novelista, el noble, el pensador, el asceta, el moralista, el pedagogo social, el terrateniente, el labriego, el cabeza de familia, el hombre... Sí, el hombre complejo, espiritual, poliédrico, pasional y voluble que llegó a renegar de su magnas obras Anna Karenina -que juzgaba aburrida y trivial- y Guerra y paz, que sentía como el repugnante fruto de una orgía.

Ancira se sumergió en la biblioteca del Museo Tolstói de Yásnaia Poliana, en Tula, provincia al sur de Moscú, para rastrear esos testimonios de personas que lo conocieron y sobre los que erige su proyecto biográfico, del que el próximo miércoles Acantilado acerca a las librerías el segundo tomo (el primero apareció en enero). El retrato que se inició con los relatos de Serguéi Petróvich Arbúzov, lacayo con quien va a rezar al monasterio ortodoxo de Óptina Pustyn; el compositor Piotr Ilich Chaikovski; y el periodista y viajero estadounidense George Kennan; prosigue con la esposa, Sofia Andréievna; el pintor Ilyá Repin, que tan bien capturó a su excelente amigo al óleo, la acuarela, la tinta y el lápiz; el filósofo japonés Tokutomi Roka; y el poeta y dramaturgo Valeri Briúsov.

A la espera de futuras nuevas entregas (la propia Ancira confiesa que no sabe cuántas serán), los amantes de Tolstói, que son cada vez más en España, disfrutarán sin cuento este segundo librito.

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Un Tolstói complejo, humano y poliédrico, retratado en el lienzo de los testimonios