Considero que Tarde para la ira recibirá el Goya -pese a los méritos de sus competidoras- por su doble realismo. El de género, al acercarse al thriller pasando de los tópicos de Hollywood, pero también el económico. Léase: costó 1,2 millones de euros, que es su recaudación bruta hasta la fecha -matiz nada baladí, porque los Goya mejorarán la cifra-, ya que Un monstruo viene a verme costó 25 millones, poco menos que su taquilla en España (la exhibición se lleva como mínimo el 50 %, hagan cuentas), con lo cual el negocio dista de ser redondo, pese a que sus ventas internacionales acaben haciendo rentable la operación. En ambas excluimos sus ingresos por otras ventanas, que los harán.
Es el problema de nuestro cine: sus disparatados costes. En esa herida arroja sal el profesor Emilio Carlos García Fernández, en un atinado análisis en el portal audiovisual451.com. Y el desaforado número de filmes producidos: 111 largos de ficción en el 2016. Si la existencia de un cine nacional se reafirma en su presencia en la pantalla grande -pongámonos serios-, es hora de derribar, cuales quijotes, esos enormes molinos que son la industria de Hollywood, el veto a la difusión y su pacata promoción, más allá de los puntuales bombardeos de Antena 3 y Telecinco cuando les toca de cerca. Y si, con sus claves, Arévalo no gana, los señores académicos sabrán lo que hacen...