Turguénev aborda en su tercera novela, que ahora recupera el sello Alba, una Rusia ilusionada con el espíritu reformista de Alejandro II
17 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Iván S. Turguénev (Orel, 1818-Bougival, cerca de París, 1883) es el más afrancesado de los grandes escritores -ah, y eran muy grandes- de la Rusia decimonónica, algo que su contemporáneo Dostoievski, entre otros, le afeaba. Lo cierto es que la sutileza de su narrativa solo es superada por Antón Chéjov, porque el interés de Chéjov por lo humano no hallaba límites de clase o de ambientes. La voces tronadoras o atormentadas de Tolstói o Dostoievski son harina de diferente costal. Chéjov mira hacia adelante sin que los valores del pasado pesen más que la esperanza de construir algo esperanzador. Pero esa es otra historia. Con la exquisitez que le procura la cuna -hijo de un militar retirado y una rica terrateniente, estudió en Moscú, San Petersburgo y Berlín; y vivió mucho en París-, Turguénev tiene una mentalidad plenamente europea. Así es que lo que resulta desconfianza en Dostoievski es rendida admiración en Flaubert o Henry James. Y hasta Joseph Conrad traduce su obra al inglés, entre otros títulos, En vísperas, tercera novela del autor de Padres e hijos (1862) y que apareció en 1860 en la revista El mensajero ruso. Es una de sus obras mayores y el sello Alba la trae de nuevo al español en una excelente versión de Joaquín Fernández-Valdés. La novela aborda unos momentos en que Rusia, tras el inmovilismo del zar Nicolás I, se ilusionaba con el espíritu reformista de Alejandro II. En este marco convulso, narra la historia de la rebelde Yelena Nikoláievna Stájova, que se enamora de un joven apasionado -y comprometido con la liberación de Bulgaria del dominio turco- y por él planta cara a los suyos, desoye una boda programada y deja su hogar. El rol de heroína fogosa que compone Yelena escandalizó a sus contemporáneos -no solo por ser mujer- hasta el punto de que se la calificó de Don Quijote con faldas. La sutileza de clase de Turguénev no le impide posicionarse (en esas vísperas) a favor de los nuevos tiempos.