Barbara Lennie agranda la delicadeza del filme «María (y los demás)»

La cinta debut de Nely Reguera, de padre gallego, se rodó en Galicia y cuenta en la producción con la firma coruñesa Frida Films


San Sebastián / La Voz

Va a salir de este festival María (y los demás), de sello gallego, como el sleeper de la edición: la cinta de la cual no se hablaba de un modo especial pero cuyo paso ha dejado impronta y motivada celebración. La ópera prima de Nely Reguera plantea un tour de force a esa actriz inconmensurable que es Barbara Lennie. Ella, bella niña de fuego, debe encarnar al patito feo de un cónclave de familia en el campo. E ir dejando sutilmente que las capas de su personaje, una mujer que se va viendo abocada al cul de sac de la soledad emocional, vayan despojando de su lado más ceremonial a una comedia que, siempre a través de la fuerza de Lennie, muestra también sus esquinas menos complacientes hasta la frontera de la neurosis.

Hay una resplandeciente creación de atmósfera en esta especie de reversión dulce del Ana y los lobos de Saura. Aquí no hay ferocidad sino una delicadeza en el tratamiento coral de este retrato de grupo con mujer arrinconada que permite que la película fluya y vaya creciendo, acompasada a esa fuerza de la naturaleza que es su actriz protagonista.

Vengo asistiendo a lo que es una desmesurada complacencia hacia el nuevo thriller español, sustentada en el vigor de títulos como Grupo 7, No habrá paz para los malvados y, sobre todo, La isla mínima. Parece que cada nueva incursión del cine nacional en la crónica negra está abocado a ser una obra maestra. Y luego suceden cosas como los para mí indescifrables ensalmos que ha provocado Que Dios nos perdone. La película de Rodrigo Sorogoyen es un (muy mal) calculado producto de laboratorio que quiere entreverar Seven, Psicosis y El silencio de los corderos. El remix es cine desgalichado, inintencionadamente autoparódico. El violador de ancianas me cae mejor que el insoportable e ininteligible policía que encarna el sobreactuado Roberto Álamo, con Antonio de la Torre como tartaja contraparte de la buddy movie tan celebrada como una sucesión de gags de José Mota.

Alegra, y mucho, la competición de la más que notable Lady Macbeth, en la que el británico William Oldroyd se atreve con un imponente proscenio entre Shakespeare y Emily Brontë, con una actriz sensacional, Florence Pugh, entronizando su rol de desclasada en este combate de negro y de perros frente a los señores, donde el poder se alcanza a través del sexo liberatorio y de la violencia como fin justificado para desatascar la Historia.

«Me dejo guiar de manera temeraria por mi intuición», admite la actriz

Un año después de Apóstata, de Federico Veiroj, y dos después de Magical Girl, Concha de Oro en el 2014, Bárbara Lennie regresa como estrella de María (y los demás). «No tengo criterio racional, ni decálogo de lo que ha de cumplir un proyecto, me dejo guiar mucho, y a veces de una manera temeraria, por mi intuición», admitió la actriz a Europa Press. Ahora encarna a María, una mujer que alcanza la treintena «desconcertada, a contratiempo, incómoda en su piel, sin poder hacer lo que le gustaría ni asumir las responsabilidades que todo el mundo a su alrededor cree que ya ha asumido». Sobre el reto de estar presente en todas las escenas del largometraje, excepto en un único plano, Lennie asegura que no se planteó si cabía la posibilidad de salir «mal parada», aunque reconoce que «asumir el riesgo de todos los planos es atroz». «Me daba vértigo y me lo sigue dando, pero, ¿qué hay mejor?», inquiere la intérprete española de ascendencia argentina.

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