Cien imágenes que hacen que Nacha Pop aún merezca la pena

El libro «No, no me olvido» recoge fotografías inéditas del grupo


Madrid

Si pasa el tiempo y suena Nacha Pop es que todavía algo va bien. Canciones de amor sin amor que ahora tienen las caras de Antonio, Nacho, Carlos y Ñete, como recuerdo, de tal vez la mejor banda de power-pop de España, aunque sonaran a Teddy Bautista... Un error lo tiene cualquiera. Y era de Teddy. Pero estaban los primos para construir una historia de amor al rock and roll inolvidable. Así fue ayer, sin chica.

Ahora los recupera en imágenes un libro de la escudería leonesa editorial Chelsea, de Álex Cooper en versión literaria. Un tipo que más que libros hace milagros. Ya casi no quedan sonrisas de ganador, pero hay amores que aman aunque lo de Vega y García Vega fuera la mejor contradicción. Ayer, en el Cock, bar mítico de Madrid, se presentó No, no me olvido. Nacha Pop, un libro de Sandra Bensadón. El sueño perfecto que no se tuvo, pero retrata a una generación tan perdida que no se sabe si fue o lo intentó ser. Era una movida. 

«No saber qué va a pasar»

Nacho García Vega, que asistió a la presentación, apuntó que un libro de Sandra Bensadón era «la oportunidad de ver un momento y no saber qué va a pasar». Llegó Carlos Brooking, bajista de la banda, tarde como siempre, para contribuir a promocionar el legado de Nacha Pop, y a su lado, Ñete, como siempre el batería oficial, un tipo tan talentoso que dice que está retirado, no se quiso perder tampoco ese momento.

Nacho García Vega, el alma máter escondido, dentro de su protagonismo, aseguró que Bensadón es parte fundamental de la historia de Nacha Pop. Y mostró esa cara de estrella del rock que nunca molesta porque suma.

El calor lo puso la gente. Llegada de distintos puntos -por supuesto también de Galicia- que querían el libro y hacerse rocanroleros no codificados ni indies de ocasión.

Si merece la pena este No, no me olvido, es principalmente porque reivindica que la nostalgia es una estupidez, como diría Belguenzu. Y lo que sí interesa es la revisión. Sobre todo, porque hablamos de fotos antiguas que ahora resplandecen con una fuerza como las que tenían esos Nacha Pop iniciales. Y son fotos, con la fuerza poderosa de esa Sandra Besandón que retrata con su propio poderío.

Que en aquellos años lo mejor posible es que saliera hasta ella. Testigo y cómplice de algunos de los momentos clave en la historia de la banda madrileña: los primeros ensayos, los conciertos en El Sol y Rock-Ola, la sesión de retratos para Más números, otras letras y también el emocionado reencuentro sobre el escenario de Nacho y Antonio Vega, ya en el siglo XXI. A través de cien fotografías inéditas, Sandra retrata tal vez la época más gloriosa de Nacha Pop. Cuando ni ellos sabían que lo que se retrataba era su epicentro y su épica. Ese lugar en el que algún día estuvieron y que ahora solo es una zona pop o rock. Pero siempre enganchados a una señal de bus. Y que hace que merezca la pena un libro de Nacha Pop a estas alturas de un partido perdido.

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