No la he visto. Tendré que esperar al 9 de septiembre, pero puedo adelantarme y decir que Mark Osborne es un valiente. Lo es por atreverse a hacer del El Principito una película de animación. Cómo será tener entre manos el proyecto de convertir la tercera obra más leída de la historia de la literatura a un formato para todos los públicos. ¡Cuanta responsabilidad!. ¡Cuanto pánico escénico! Porque el libro que Antoine de Saint-Exupéry escribió en 1942 es, en realidad, una novela para adultos. Más exactamente, un relato con el que los mayores no olvidan que lo que importa es lo que no se ve, convirtiéndose en seres capaces de no olvidar que fueron niños.
Pero no esperen ver una adaptación de la novela. Ya lo dijo el director tras haber invertido ocho años de trabajo en el proyecto. La película habla de todo lo que regala el libro: Atrévanse a soñar. No desperdicien ni un minuto. Tuerzan a la derecha, aunque sepan que la ruta más corta es por la izquierda. Uno nunca sabe qué puede encontrar. No cojan caminos marcados. No tengan plan. Dejen que su imaginación vuele. No teman al fracaso, ni a las críticas. Recuerden la hazaña de Osborne que, después de dirigir Kun Fu Panda, va a enfrentarse a la potencial crítica de las personas que han leído los 145 millones de ejemplares comercializados. recuerden: ¡Atrévanse!.