Beatriz Hernanz: «Yo soy una mujer de mar adentro»

La directora del cultura del Instituto Cervantes habla de la exposición «Quijotes por el mundo», que estará en Nueva York hasta el próximo 16 de septiembre


Nueva York / E. La Voz

En el número 211 este de la calle 49 de Manhattan decenas de ejemplares del Quijote dialogan entre sí. Lo hacen en más de 160 lenguas diferentes gracias a la exposición Quijotes por el mundo que acoge el Instituto Cervantes de Nueva York. Un viaje por sus 60 bibliotecas en los cinco continentes y que ofrece la traducción de la obra mayor del español. Es el broche de oro para la temporada de la sede de la Gran Manzana. «Gracias a los miles de traductores que se han acercado al Quijote podemos soñar que quizás siguiendo el mensaje universal de la obra podemos tener un mundo mejor», dice José Manuel Lucía, comisario de la muestra. A su lado sonríe satisfecha Beatriz Hernanz, directora de cultura de la red de Institutos Cervantes en el mundo. Por su sangre corre la pasión de una poeta que recuerda que, tras la Biblia, el Quijote es el libro más traducido. «Yo sé quién soy y quién quiero llegar a ser», confiesa como Cervantes esta pontevedresa de voz templada y mujer «de mar adentro».

-«Quijotes por el mundo» llega por primera vez a Nueva York. ¿Qué ofrece esta muestra?

-Es una exposición que pretende poner en valor la importancia del Quijote a los 400 años de su publicación. Cómo está vivo, cómo ha sido traducido a más de 165 lenguas en todo el mundo, cómo ha pasado de ser la esencia del español y cómo a formar parte del espíritu de tantas culturas. Es además el homenaje que el instituto hace al bienio cervantino.

-¿Qué supone para usted como directora de cultura?

-Para mí es un orgullo ver el gran equipo que el instituto tiene en todos los centros del mundo. La exposición es el fruto del trabajo y de la colaboración de todas las personas del área de cultura. El resultado es el rigor de la investigación, la novedad de ver todo ese mapa del Quijote por el mundo y ver la importancia que tienen en lo visual, en el cine, en la cultura, en el imaginario y hasta la forma de entender lo español que ya no trasciende solamente a España, sino toda Iberoamérica, donde quieren llevar la muestra porque se sienten identificados con la obra y su autor, Miguel de Cervantes, a quien no valoramos lo suficiente en España. Tenemos que irnos fuera para sentir ese orgullo de lo que hemos aportado. En cualquier lugar del mundo, el Quijote conecta con el ser humano, esa es su gran conquista.

-Dirige a nivel cultural la red de institutos Cervantes en el mundo, donde la cultura gallega tiene gran peso. Como gallega, ¿Cómo es de importante esa colaboración?

-Es importantísima porque hay un gran talento, no solamente en la parte de la cultura o la historia, también en la literatura. Estamos en un año en el que también celebramos a Valle-Inclán y de hecho en nuestra sede central tenemos una exposición magnífica de José Suárez, un gran fotógrafo y también un gallego universal, y un poco quijote. Nuestras colaboraciones con la Xunta son numerosas, promocionamos el cine gallego, la gastronomía... Trabajamos muy estrechamente con las instituciones culturales gallegas ¡Qué me vas a decir a mí, filliña, que lo llevo en el ADN!

-Y lleva también la poesía... ¿Tiene tiempo aún para escribir?

-Sí, porque sin la poesía yo no sería persona. En ese sentido lo que hago es como decía Ortega y Gasset: «Intento aprovechar los retales del tiempo». Durante mis viajes y con los diferentes husos horarios, yo veo las cosas con una especial hipersensibilidad y entonces es el momento en el que a lo mejor una imagen pequeña empieza a crecer como la semilla de un poema. El viaje me agota y me cansa con los años, pero esas situaciones me gusta pensarlas como viajero, no como turista. El desplazarte a la vida de otros que están en otro espacio.

-Grandes figuras la prologaron, Umbral, Caballero Bonald...

-Son regalos que me ha hecho la vida. Recuerdo que yo estaba trabajando con los cursos de verano del Escorial de la Complutense, con una profesora a la que tengo mucho cariño: Fanny Rubio. Le había llevado el manuscrito del libro y fue interceptado por Paco Umbral. Temblaba, porque era muy joven. Umbral se puso a leerlo y con esa voz tan característica que tenía, dijo: «Este libro está muy bien, te voy a hacer el prólogo». Yo me quedé estupefacta y Fanny me dijo: «Niña, dale las gracias a Paco». Caballero Bonald me conoce desde que yo tenía 18 años; tuve una vinculación casi familiar porque mi primer novio fue un sobrino suyo que murió muy joven y una gran persona.

-Si tuviera que elegir una cita de esas que guían en la vida...

-Una frase del Quijote. «Yo sé quién soy y quién quiero llegar a ser». Para mí es fundamental. Y también un poema mío del libro La lealtad del espejo que dice: «No estoy sola, me acompaña la niña que fui tatuada de poemas». Yo siento que la poesía es como un tatuaje, la que leo y la que voy escribiendo. Es como los tatuajes que van marcando mi existencia como persona y esa idea de seguir identificándose y seguir siendo uno, leal a sí mismo, a pesar de las transformaciones que experimentas en la vida.

-Una vida, por cierto, en la que Pontevedra ocupa un lugar muy importante para usted.

-Pontevedra es la tierra con que amueblo mis ojos, y los sigue amueblando aunque esté lejos. Yo soy una mujer de mar adentro. El mar está dentro de mí aunque viva en secano, en Madrid, que es tierra de secano.

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