En el drama de tintes nórdicos «Louder than bombs», Joachim Trier nos acerca a los restos ruinosos de una familia, donde la temprana muerte de la madre ha dinamitado el aparente equilibrio en las vidas de sus componentes
12 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Reconocido como uno de los «niños bonitos» del nuevo cine europeo con tan solo tres películas en su currículo, Joachim Trier (no confundir con Lars Von, pariente lejano) ha ido construyendo un cine propio en torno al retrato de vidas cotidianas regidas por el aislamiento. Siguiendo esta estela, en su tercer y último filme, un drama familiar de tintes nórdicos con actores internacionales titulado tan chuscamente en español El amor es más fuerte que las bombas, Trier nos acerca a los restos ruinosos de una familia, donde la temprana muerte de la madre ha dinamitado el aparente equilibrio en las vidas de sus componentes.
Las bombas a las que su título hace referencia son, en una primera lectura, aquellas a las que la madre ha hecho frente como fotógrafa de guerra; pero también lo son los sucesos personales que, muchas veces buscados por uno mismo, vuelan por los aires la existencia cotidiana. A su vez, el amor, en este caso, es el de la familia, núcleo neurálgico que sostiene a la par que ahoga.
Los escombros que quedan de dicha familia, que no consiguen comunicarse entre sí, son el padre abnegado; el hijo mayor doctorado en Sociología y perdido en las dudas de su reciente paternidad; y un hijo adolescente bastante antipático que se encierra obcecadamente en su mundo atormentado. La visión que cada cual tiene de la madre fallecida es la que conforma el puzle de flashbacks que recrean una realidad poliédrica donde no hay verdades absolutas, sino seres humanos con puntos de vista.
Con este filme, Trier, a pesar de conseguir una película lírica con un subtexto de crítica a la impasibilidad europea ante las guerras externas, no alcanza las cotas de su anterior obra, Oslo, 31 de agosto, y peca de un exceso de solemnidad y voz en off, que hacen que las expectativas que se crean ante esta guerra externa de conflictos bélicos, e interna de cada cual con sus demonios, aspiraciones y frustraciones, no se vean del todo respaldadas por su desarrollo.