La muerte de Pablo Neruda, una encrucijada científica

Laboratorios de varios países determinarán si el poeta chileno fue envenenado con «Estafilococus aureus» por Pinochet


santiago de chile / Afp

La causa de la muerte del poeta y premio Nobel chileno Pablo Neruda es aún una encrucijada judicial y científica. Sus restos serán analizados para determinar si una bacteria infecciosa pudo haber sido inoculada por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet, aunque es posible que jamás se logre una certeza. Muestras de los restos de Neruda serán enviadas en los próximos días para el análisis a varios laboratorios extranjeros, por instrucción de un panel de expertos que analiza si el poeta pudo ser asesinado en 1973.

En octubre, los expertos se reunieron durante ocho días para analizar un informe que halló Estafilococus aureus en los restos del poeta, una bacteria altamente infecciosa (se le conoce como MRSA) que pudo ocasionarle la muerte, atribuida hasta ahora oficialmente al agravamiento de su cáncer de próstata.

«Ese era el elemento normalmente usado por Eugenio Berríos -el miembro de la policía secreta de Pinochet que desarrolló armas químicas- y esta cepa en específico no es de las que pudieran haber existido en el hospital en aquella época», explicó el abogado del Partido Comunista Eduardo Contreras.

Denuncia de su chófer

«Laboratorios de varios países deben determinar ahora el ADN de este estafilococo para comprobar si efectivamente pudo haberse contagiado al exhumar los restos por las manipulaciones que se han hecho o, por el contrario, si como se presume, es una sustancia preparada específicamente para asesinar a Neruda», agregó el jurista. Los resultados de estas pruebas periciales se conocerán en marzo del próximo año.

La versión de que Neruda pudo haber sido asesinado surgió en el 2011, cuando salieron a la luz las declaraciones de su ex chófer y asistente, Manuel Araya, quien afirmó que el poeta se agravó después que le aplicaran en el abdomen una misteriosa inyección mientras se encontraba internado en la Clínica Santa María de Santiago. «A Neruda lo asesinaron», denunció Araya en una entrevista en marzo del 2013.

A partir de esa denuncia se inició un proceso a cargo del juez Mario Carroza, quien ese abril ordenó la exhumación de los restos del poeta. La versión del asesinato se alimenta además por otros testimonio que afirman que el poeta se encontraba bien hasta antes de ser inoculado. Tanto, que un avión proporcionado por el Gobierno mexicano lo esperaba para trasladarlo a México, para desde allí, emprender la oposición al régimen de Pinochet.

«Neruda me había dicho: Me voy a México, compañero, y en México voy a pedir ayuda al mundo para derrocar a Pinochet. En tres meses lo voy a derrocar. Voy a pedir ayuda a los gobiernos, a los intelectuales», relató Araya. La muerte en 1982, en la misma clínica, del expresidente Eduardo Frei (1964-1970), quien había ingresado por una operación rutinaria y hoy se cree que fue envenenado, le dio más sustento a la versión de que Neruda pudo haber corrido la misma suerte, con el mismo método.

Pese al avance increíble de la tecnología, el paso de los años y las condiciones en que permanecieron enterrados los restos de Neruda -a orillas del mar en su casa de Isla Negra (en la costa central chilena)-, podría impedir que finalmente se conozcan las causas de la muerte del poeta.

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