El poder de las pequeñas cosas

El proyecto gallego-cubano «Maimiño», primera animación en 3D producida en Cuba, se inspira en una versión de José Martí del clásico cuento europeo «Pularcito»


Hacia 1889 José Martí, mártir de la independencia cubana y precursor del modernismo literario latinoamericano, editaba una revista para niños, La edad de oro. Entre los cuentos que escribió para dicha publicación destaca una particular versión del clásico europeo Pulgarcito, renombrado para tal fin como Meñique. Este cuento ha sido precisamente el material de base en que se ha inspirado la película que ostenta el título de ser la primera animación en 3D producida en Cuba, contando con la colaboración de la gallega Ficción Producciones para llevar el proyecto a su fin.

Gozando de un éxito tal en Cuba que la ha llevado a convertirse en la película más taquillera en su historia, este peculiar proyecto gallego-cubano desembarca ahora en este lado del Atlántico, llevando en la mano un Mestre Mateo al mejor filme de animación. Cuenta, a priori, con todos los ingredientes precisos que justifican el éxito en la isla: historia de literato propio, dibujos realizados por artistas cubanos, banda sonora de Silvio Rodríguez, cultura cubana presente en toda la cinta? Falta ver si, sin ese respaldo, gozará de la misma aceptación en este lado del charco.

Para un público acostumbrado a las virguerías de Pixar y compañía, quizás la animación resulte un poco tosca, o incluso simple, pero no hay que restar mérito a sus logros, remarcados por los condicionamientos de producción, y la apertura de caminos que supone una coproducción de estas características. Meñique, con su relato del pequeño agricultor que conquista a la princesa del reino superando obstáculos que otros, más grandes y fuertes, no han podido sortear, nos muestra una historia de magia y fantasía medievalista, con mundos coloridos, princesas curvilíneas cual Jessica Rabbit, brujas malas sedientas de poder, gigantes de buen fondo, reyes avariciosos, objetos mágicos parlantes o canciones interpretadas por Uxía Senlle y Xoán Curiel (en su versión gallega), que gustarán especialmente a los más pequeños.

En conjunto, una película pequeña -que no por ello inferior- que destila mensajes bienintencionados, ideología robinhoodiana, y una defensa del poder de la amistad, la lealtad, el perdón y de la máxima «el saber puede más que la fuerza».

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