«No es descabellado hacer un "Ocho apellidos gallegos", hay material»

Xurxo Melchor
xurxo melchor SANTIAGO / LA VOZ

CULTURA

El cineasta ha presentado «Negociador» en el ciclo Cineuropa, de Santiago

16 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

El éxito como coguionista de Ocho apellidos vascos no es suerte ni casualidad. Borja Cobeaga (San Sebastián, 1977) tiene a sus espaldas tanto trabajo como merecido reconocimiento. Para muestra, su debut como director con Pagafantas (2009) o sus años de guionista en el programa de humor de la televisión pública vasca Vaya semanita. Esta semana está en el ciclo Cineuropa de Santiago, donde ayer se proyectó su última película, Negociador (2014), de la que es director y guionista.

-Tome nota, que le reto. Taboada, Nogareda, Torreiro, Filgueira, Castelao, Bóveda, Caneda y Maroñas... ¿Para cuándo un «Ocho apellidos gallegos»?

-¿Esos qué son, los tuyos?

-No qué va. No sé si habrá muchos gallegos con tantos apellidos autóctonos. Aquí el Clemente de su «Ocho apellidos vascos» sería García, que es el apellido más frecuente en Galicia.

-También en Vizcaya y en Guipúzcoa. De momento, con hacer la segunda parte tengo bastante... Dado el éxito que tuvo Ocho apellidos vascos se empezó a pensar en hacer esto y lo otro, pero de momento vamos paso a paso. Sí que es verdad que hay unas características gallegas, que hay mucho humor gallego, así que no es descabellado hacer un Ocho apellidos gallegos, hay material.

-La segunda parte de la película se desarrolla en Cataluña. Viene al pelo un poco de humor con todo lo que está pasando allí.

-Sí, la verdad es que sí. No es el Ocho apellidos catalanes del que se había hablado, porque sí que hay presencia de Cataluña pero no es exclusiva. La película también transcurre en Sevilla, pero sí que hay bastante de Cataluña. Los protagonistas son los mismos, Dani Rovira, Karra Elejalde, Clara Lago y Carmen Machi, pero en este caso, además de viajar a Andalucía, también van a Cataluña.

-¿Y se aborda el conflicto independentista?

-Claro. Tampoco va a ser muy política, porque la primera parte tampoco lo era aunque tuviera ese componente de hablar del nacionalismo y de las costumbres y tópicos, pero sí que va a estar presente la cuestión catalana.

-¿Sabe usted definir el galleguísimo concepto de retranca?

-Claro, claro. En el País Vasco también sabemos bastante de eso. Para sobrevivir. Es una especie de venganza contra la realidad.

-¿Cuando rodaba esperaba usted tanto éxito?

-Para nada, sí era una comedia con la intención de ser comercial y sabíamos que teníamos el apoyo de una gran promoción, pero las proporciones han sido desmedidas, porque tampoco es tan ambiciosa. Uno cuando hace Lo imposible o Torrente pues a lo mejor sí que espera tener un taquillazo, pero con Ocho apellidos vascos se superaron todas las expectativas.

-Está en Cineuropa con «Negociador», su última película.

-Sí. No había venido nunca, pero sí lo conocía y es una gozada porque te permite ver películas que no se han visto en ninguna parte. Negociador lo escribí al tiempo que Ocho apellidos vascos, que como tuvo un proceso bastante largo me dio tiempo a hacer algo más personal. Tiene que ver con el conflicto político vasco, pero con un sentido del humor más enquinado.