El inglés sigue mandando en el Nobel

Francia suma con Modiano quince autores galardonados, pero la literatura anglosajona, con 27 escritores, encabeza el palmarés de la Academia Sueca


redacción / la voz

Alfred Nobel dejó claro lo que debía valorar el jurado que eligiese al escritor merecedor del premio literario que lleva su apellido: «la obra más destacada en la dirección ideal». Si la obra a veces es objeto de discusión, no lo son menos los factores extraliterarios que rodean la concesión del galardón. Muchas veces el análisis no se detiene en los méritos de la escritura, sino que el público enjuicia el autor distinguido desde el punto de vista de su lengua, su país o si es hombre o mujer.

Si Modiano se había quedado rezagado en las quinielas, se debe precisamente a que su compatriota Le Clézio lo recibió en el 2008: ya entonces muchos consideraban que el ahora nuevo Nobel se habría quedado sin premio, ya que parecía difícil que la Academia Sueca se lo concediese a otro francés en un corto período de tiempo. Y, sin embargo, ha ocurrido. Con Modiano, Francia ya suma quince escritores laureados, incrementando su distancia con Estados Unidos, que con once autores se sitúa en segunda posición de esta particular competición, mientras el Reino Unido cuenta con diez. Los seis españoles quedan por detrás de los ocho alemanes y los siete suecos que también lo han ganado.

Pero además de las fronteras nacionales, también cuentan las lingüísticas. Y ahí el francés se ve claramente superado por el inglés, lengua en la que escribieron sus obras 27 de los autores del palmarés del Nobel: los hay británicos y norteamericanos, pero también irlandeses, australianos y sudafricanos, además de nacidos en antiguas colonias africanas y caribeñas. La lengua alemana, por su parte, cuenta con 14 escritores premiados, mientras que la española contabiliza once. Es en este terreno donde cada nueva elección se examina desde la geopolítica: la preeminencia europea o la casi total ausencia de determinadas lenguas, como el chino, el árabe o el portugués (solo Saramago lo ha recibido, y nunca se ha premiado un escritor brasileño).

Un repaso a la lista de premiados permite observar algunas tendencias y percibir cambios. Alemania, entonces un imperio, concentra un número notable de sus galardonados en las dos primeras décadas del siglo XX, para luego disfrutar de contados autores, como Mann, hasta el final de la centuria, con Grass.

A medida que avanza el siglo también se va descentralizando la procedencia de los literatos, reflejo del proceso de descolonización que afecta a las potencias. Sigue dominando el inglés, pero no es necesario haber nacido en el Reino Unido o Estados Unidos: hay sudafricanos, como Coetzee o Gordimer, y caribeños como Walcott o Naipaul o nacido en Nigeria, caso de Soyinka. También Le Clézio, escritor en francés, nació en Isla Mauricio.

Pese a ello, en la Academia son conscientes de que se les pide una mayor atención a esta diversidad. Antes del veredicto de este año, uno de sus miembros, Horace Engdahl, criticaba a Estados Unidos por mirarse demasiado el ombligo en cuestiones literarias y sus cursos de escritura creativa, fuente de uniformización y eliminadores de riesgo. A su juicio, la innovación procede de Asia y África, lo que fue entendido como una señal de que el Nobel del 2014 se quedaría en esas latitudes. Y no fue así.

Otra asignatura pendiente para el Nobel: 96 hombres lo han ganado, frente a 13 mujeres, siete de ellas desde 1990, otro indicador de que algo cambia, pero muy lentamente.

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