Una silla caliente que nadie quiere


Gobierne quien gobierne, el sillón de la dirección del ICAA ha sido incómodo para su titular, un destino caliente del que muchos de sus recientes ocupantes han salido con cajas destempladas, destituidos o dando portazos. Ninguno de sus ocupantes recientes cumplió una legislatura completa ni pacificó al insatisfecho sector. Ya ocurrió bajo gestión socialista con Méndez Leite o Pilar Miró y la situación se repitió con Fernando Lara. Antes de la era Wert, cuando Ángeles González-Sinde estaba al frente se produjo uno de los ceses más llamativos. Ignasi Guardans, que llegó con el marchamo de gestor independiente, abandonaba. Sinde, su valedora, alegó pérdida de confianza y nombró a Carlos Cuadros, que dejó pasar, con más pena que gloria, a De la Sierra.

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