Belle Époque

«Medianoche en París» (2011)


Manhattan comenzaba con la música de Gershwin amueblando el blanco y negro de Nueva York. Salvando distancias y herejías, Sidney Bechet y su clarinete hacen lo mismo al inicio de esta película: un recorrido idealizado por las calles de París en el que Woody Allen guiña un ojo a aquellos que lo acusan de repetirse una y otra vez. Puede que sea verdad. Es cierto que cambia la cáscara de sus películas mientras sus temas recurrentes permanecen. Con frecuencia retrata a escritorzuelos y pseudointelectuales entre los que suele habitar un amigo insoportable y pedante capaz de discutir que Cervantes se escribe con «b» o que pronuncia Van Gogh con un acento imposible, como si fuese Meryl Streep. A menudo hay en su cine discusiones en torno a lo que es drama o lo que es comedia y siempre está la infidelidad de fondo, con todos esos personajes insatisfechos que buscan algo que nunca encuentran. Pero (y este es un pero muy grande) siempre consigue hacernos reír mientras nos cuenta que la vida es insatisfactoria. Puede que la historia sea vieja, pero las carcajadas siempre son nuevas. No se repiten. Allen posee la habilidad para convertir en fácil lo difícil y conseguir que algo trabajado a conciencia parezca improvisado. Medianoche en París, una película de viajes en el tiempo, si se quiere una comedia paranormal, es un buen ejemplo de esto. Un joven escritor llega a París con la intención de rematar su primera novela. Tiene nostalgia de otra época, cree que el presente es mediocre y pasea sus dudas por los bulevares nocturnos. Acaba metido en un coche que viaja al pasado y, ante su estupor, comprueba que se encuentra en el París de los años 20. De repente, se ve alternando con Hemingway, Scott Fitzgerald, Cole Porter, Picasso o Gertrude Stein. Un zoológico de seres famosos, ídolos literarios y charlestón en el que termina abriendo los ojos con desengaño: todos los artistas piensan que su época es banal y aluden a su vez a una edad de oro anterior. El pasado no es mejor, solo es una fantasía. Que cada uno se acomode como pueda. El presente es todo lo que tenemos. Por qué hay que verla Por el retrato de un Hemingway tan intenso que hace de cada frase una sentencia y de cada noche una pelea Por la gracia con la que Woody Allen se ríe de la interpretación que hacen los críticos de las obras de arte famosas Por la capacidad de síntesis de Allen: «Eso es lo malo de los escritores, estáis llenos de palabras»

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