Cartografía de la vejez

Leoncio González

CULTURA

Joan Didion enriqueció la narrativa sobre mayores con un relato sobre la muerte de su hija que arroja luz sobre el drama de los que sobreviven a sus seres queridos

23 dic 2021 . Actualizado a las 18:37 h.

El aumento de la esperanza de vida en las sociedades ricas está abriendo un continente nuevo para la literatura a partir de tres fenómenos emparentados: el incremento del número de escritores de edad avanzada interesados en explorar esa condición, la irrupción de un público mayor dispuesto a seguirlos, y lo que los vincula, la expansión del campo de expectativas y de experiencias que entraña hoy la vejez. Lo que surge no es todavía una modalidad establecida con un canon propio como, por ejemplo, la novela de formación o aprendizaje, que se ocupa de la pérdida de inocencia que acarrea la inserción en el mundo. Sí que se advierten, en cambio, ciertos rasgos comunes que permiten hablar de una narrativa madura, retrospectiva o de las postrimerías, cuyo objetivo es cartografiar la ancianidad. Pone la atención en las dentelladas de la precariedad física y mental, en la reducción de las posibilidades de elección y de acción que vertebran la existencia adulta corriente, o en la ácida conciencia de que la vida pasada, esa trayectoria que creíamos fundada sobre certezas dotadas de sentido, es un resultado más improvisado de lo que parecía mientras transcurría. Se trata, por tanto, de una literatura de recuerdos y olvidos; una literatura hecha de hospitales y de pérdidas, en la que proliferan funerales y remordimientos. Todos estos elementos aparecen quintaesenciados en la última entrega de Joan Didion, autora que deslumbró con El año del pensamiento mágico, el libro con el que exorcizó la muerte de su marido y que ya es un clásico del duelo. Noches azules parece concebida con el mismo designio. Es un relato autobiográfico con formato de confesión que glosa la desaparición de su única hija. Pero en seguida se observa que la evocación no es un fin en sí misma. Está al servicio de un propósito narrativo más amplio que persigue entender qué sucede cuando el tiempo lo coloca a uno en la situación de haber perdido a las personas decisivas en su vida. Si hay una lección, es una inversión del poema de Bécquer sobre lo solos que se quedan los muertos. Los que se quedan solos de verdad son quienes les sobreviven. No les queda el consuelo de recordar porque, como escribe Didion, a esa edad los recuerdos son solo las cosas de las que no te quieres acordar.