Manic Street Preachers ofrecieron en Santiago un recital contundente
30 sep 2012 . Actualizado a las 19:01 h.Si es verdad que la historia es cíclica y que no se puede tirar nada porque todo regresa, Manic Street Preachers no puede ser un grupo más oportuno. Ya lo eran hace 20 años, cuando eso que llaman ahora abundancia parecía adormecer al rock entre la introspección y el exhibicionismo. Pero ahora, bombardeados como estamos por el anuncio de todo tipo de apocalipsis destinados a ponernos contra la pared, la banda parece responder con energía retadora a las tribulaciones de los espectadores.
El concierto de la noche del viernes en Compostela fue una puesta al día con tendencia a la épica y sin postureo. Canciones que sonaron como himnos para un presente combativo. En cierto sentido Manic Street Preaches es uno de esos grupos que suenan mejor en vivo que grabados, tiene más potencia y menos florituras. Hacen un rock contundente pero no primitivo. La hora y cuarto de actuación respondió a esa suerte de ética del trabajo: se sale al escenario, se hace lo que se tiene que hacer y luego se sale. El resto es ruido.
Y lo que hicieron fue un recital de rock and roll, con todas sus letras y todas sus notas, incluso con sus solos de guitarra. La ejecución intensiva, rebelde y volcánica de una música que ha sobrevivido a la tendencia adolescente del pop y que se ha encontrado, en su madurez, con que la dureza de la realidad está de vuelta. Lo que hace falta para la revolución es sudar con inteligencia. Sonó como debieran sonar los conciertos cuando el rock es un arma: impecable e implacable. Amio fue rescatado como espacio con canciones como Tsunami, Motorcycle Emptiness o A Design for Life. La banda se fue y dejó flotando bajo la nave del mercado de ganado la frase decisiva: «si toleráis esto, vuestros hijos serán los siguientes».