Sumergido en una tragedia personal, la muerte de su esposa y sus dos hijas y golpeado por un fracaso, Verdi recibe un libreto lleno de posibilidades, el de Nabucco, cuyo resultado es un aldabonazo en la puerta de la gloria, que se le abrirá hasta alcanzar la más venerable ancianidad. Embebido de la música de Rossini, Bellini y Donizetti, aquel Verdi de 29 años conjuga los estilemas del melodrama romántico con su acendrada visión músico-dramática que sería el sello de toda su evolucionada obra.
Este Nabucco en concierto del 60.º aniversario de Amigos de la Ópera tenía tres a la altura. Elisabete Matos: temperamento, amplitud vocal y técnica para solventar semejante rol; Leo Nucci sigue siendo el gran barítono verdiano que venimos disfrutando: belleza vocal, de asombrosa longevidad, honda capacidad interpretativa y entrega generosa; Luiz-Ottavio Faria, bajo de voz hermosa de excelente emisión que le permite recorrer toda la gama con naturalidad y excelente canto. Fueron aclamados. Por su parte, A. Rivas como Fenena, F. Corujo (debe mejorar su emisión) como Ismaele y A. Feria como Pontífice, correctos sin mayor relieve, y los gallegos Patricia Rodríguez y Pablo Carballido, en papeles menores, mostraron su capacidad para mayores empresas.
Especial relieve tiene el coro, todo un personaje: el esclavizado pueblo hebreo, con exigentes números. El Coro de la OSG, que dirige J. Company, los solventó con buen sonido y musicalidad.
El emblemático Va pensiero, salvador de Verdi, gustó sin emocionar, como otros momentos en los que la batuta tendría algo que aportar. Los protagonistas lo hicieron. Keri L. Wilson, no obstante, estuvo precisa y segura. Excelente la OSG y sus solistas, especialmente los chelos y su principal en la plegaria de Zacarías, magníficamente cantada.
Nabucco, de Verdi. Leo Nucci, Elisabete Matos y Luiz-Ottavio Faria. Orquesta Sinfónica de Galicia y Coro de la OSG. Directora: Keri L. Wilson.
Palacio de la Ópera de A Coruña, sábado 8 de septiembre.