Mañana se cumplen 50 años de la muerte de Marilyn Monroe
04 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.«Intoxicación aguda por barbitúricos». Esa es la frase que definió oficialmente la muerte de Marilyn Monroe en la madrugada del 5 de agosto de 1962, hace mañana cincuenta años. Y esa es la frase que ha dado lugar a decenas de hipótesis sobre aquella muerte. Aunque oficialmente fue catalogada como «probable suicidio», la investigación dejó abierta la probabilidad de que se tratara de un asesinato.
El imaginario popular y el interés por ganar dinero con la historia han hecho lo demás: desde acusar de su muerte a los hermanos Kennedy, el presidente Jack y su hermano, Bobby; hasta relacionar con ella a Frank Sinatra y la mafia. Pero los hechos tozudos solo dicen que aquella madrugada murió una mujer de 36 años que ya era un símbolo sexual y que, tras su fallecimiento, alcanzaría la categoría de icono cultural.
Ninguna otra estrella después de Marilyn ha alcanzado tal nivel de popularidad, incluso muerta la rubia más rubia del mundo supera a todas las demás, o quizá por eso, como ya no envejece ninguna otra puede competir con ella. Un vistazo al baremo con el que se mide hoy la importancia de alguien, las entradas con su nombre que aparecen en Google, lo deja bien claro. Cuando una teclea el nombre de Marilyn, 310 millones de entradas aparecen en la pantalla. Si una teclea el de, por ejemplo, otra grandísima estrella de nuestros días, Angelina Jolie, esa cifra se reduce a 120 millones.
Marilyn tuvo una infancia atroz, sus padres se separaron antes de que ella naciera y su madre no tenía recursos, ni económicos ni mentales, para mantenerla por lo que la entregó a una familia de acogida. Paso de una familia a otra, sufrió abusos sexuales de niña y se casó a los dieciséis años con el primero de sus tres maridos para no tener que ir a una nueva casa de acogida.
Se convirtió en una estrella perseguida por los fotógrafos mucho antes de que esas persecuciones parecieran exclusivas de nuestra época y llegó también a ser una gran actriz. Pero la idea que ha perdurado de Marilyn es la de una hermosa mujer frágil y profundamente desgraciada.
Tras su primer divorcio se volvió a casar, y a divorciar, otras dos veces. Su segundo marido fue el jugador de béisbol Joe DiMaggio y el tercero, el escritor de teatro Arthur Miller. Son incontables las historias sobre sus amores con otros hombres y aunque no todas sean ciertas es indiscutible que tuvo un buen número de amantes. Y sin embargo, aquel 5 de agosto de 1962 estaba sola.
Aunque también fue una mujer fuerte que alcanzó sus objetivos, al menos algunos de ellos. Cuando era una jovencísima aspirante a actriz y modelo en Hollywood escribió: «Debe haber miles de chicas tan solas como yo que sueñan con convertirse en estrellas de cine. Pero no voy a preocuparme por ellas. ¡Yo sueño más que nadie!».