Erik el Belga: «En el robo del códice hubo ayuda interna»

El ladrón ve difícil el golpe sin cómplices


madrid / colpisa

René Alphonse Ghislain Vanden Bergue era traficante de armas a los doce años. Junto a su hermano Marcel, sacó provecho de los excedentes militares de los dos bandos de la Segunda Guerra Mundial. Después se convirtió en uno de los más famosos ladrones de obras de arte en Europa bajo el nombre de Erik el Belga. Ahora recuerda su vida y advierte que el robo del Códice Calixtino solo se pudo hacer con complicidad desde dentro.

Ahora pinta y tiene más pedidos que trabajos realizados. Se ha convertido en uno de los mayores expertos en arte románico y gótico y ha invertido el último año en preparar su biografía junto a su séptima mujer. Por amor al arte (Planeta) repasa, de forma novelada, las peripecias de este peculiar personaje. O mejor dicho, las aventuras que él ha querido contar. «Lo que callo llenaría otro libro de 700 páginas. Hay cosas que no se podrán contar nunca».

En Por amor al arte, Erik el Belga se centra más en sus aventuras fuera de España, como cuando le dispararon en Alemania en plena huida hacia su país natal o su fuga de una cárcel germana en 1975. «Es que hice más trabajos fuera», dice escueto.

Lee en la prensa, con cierta envidia, los robos recientes de un Picasso en Atenas o del Códice Calixtino en Santiago de Compostela. El ladrón se ríe cuando se le sugiere si es un golpe maestro. «Es perfecto porque hubo complicidad desde dentro. Si no, es imposible», comenta. Es lo mismo que pasó cuando desaparecieron 17 cuadros de la casa Koplowitz. «Recuperé sus cuadros en diez minutos».

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