En el bestiario de criaturas recopilado por Borges, este detalla como las hadas, distinguidas con eficaces poderes, «intervienen mágicamente en los sucesos de los hombres». Estos seres imaginarios y misteriosos a los que hace referencia el escritor toman vida en algunas de las imágenes recreadas por Rita Magalhaês (Angola, 1974). Semejan vivir camufladas, pululando entre sombras, hurgando en habitaciones solitarias o colándose de puntillas en la oscuridad de la noche. La artista compone, a través de efectos luminosos, delicadas texturas y composiciones equilibradas, espejismos de una gran belleza plástica. Las fotografías son producto de un proceso técnico en el que intervienen la cámara, filtros de telas transparentes y la gran capacidad de la autora para generar formas difusas y esas atmósferas veladas, en las que el tiempo parece haberse detenido. Magalhaês no renuncia a redefinir la tradición con guiños estilísticos a Vermeer, Caravaggio, George de La Tour o Millet. Estos trabajos, en los que experimenta con los instantes creados por la luz, son quizá los más conocidos de su corta pero ya reconocida trayectoria. En ellos se aprecia igualmente un registro que se repite en toda su creación: la inmediatez de la fotografía con la pintura. Sus fotografías son realmente pictóricas.
Sin embargo en esta exposición, aunque la figura humana tiene presencia, prevalece con fuerza la naturaleza vadeada por las nieblas o reflejada en el agua; la naturaleza de bosques sugeridos y cielos grises se manifiesta respaldada por figuraciones que terminan por actualizar el carácter romántico de la obra de arte, perfil intensificado por una deliberada imperceptibilidad de la realidad y ese espacio mágico, etéreo, que la domina. Esta propuesta se acerca mucho a aquella recreación que Rita Magalhaês hizo del trágico destino de la Ophélia de Hamlet, encarnando desde el presente la obra prerrafaelista de Millais, una pieza del año 2009 que impactó por su cuidada escenografía, una constante también en toda su producción.
Galería Ana Vilaseco
Padre Feijoo, 5. A Coruña.
Hasta el 4 de febrero