Orquesta Sinfónica de Galicia
Palacio de la Ópera, A Coruña. Obras de Baudot, Viaño, Bruch y Strauss. Sarah Chang, violín. V.?P. Pérez, director.
La nueva visita de Sarah Chang supuso una cierta decepción. Desde luego no es posible, a la luz de su lectura del Concierto número uno de Bruch, si lo que se busca es la excelencia, situarla en el mismo nivel de otros colegas suyos, de los que se supone que se encuentran en los primeros lugares del escalafón violinístico, los Mutter, Shaham o Vengerov.
A su versión de uno de los más populares conciertos del repertorio romántico le faltaron tensión y nervio desde el inicio, junto a una afinación más precisa (su sonido es demasiado sucio en ocasiones); y le sobraron brusquedad en los golpes de arco y esos movimientos de cadera más propios de Shakira. Dio lo mejor en el movimiento central, con unos pianissimi exquisitos para sacar a relucir todo su lirismo con acertada expresividad. En el Allegro energico fue sepultada en ocasiones por la orquesta, como tantos otros solistas perjudicados por los desmelenes sonoros de Víctor Pablo Pérez.
La violinista no debió quedar demasiado contenta con el trabajo realizado porque se negó a conceder propina alguna, pese a las reiteradas peticiones. Del Carnegie Hall no se hubiera despedido con tal desplante, desde luego. Como relleno se incluyeron dos piezas breves de Baudot y Viaño, que permitieron cumplir con la cuota gallega; reservándose para el final el auténtico plato fuerte, Muerte y Transfiguración de Strauss, soberbio en la traducción orquestal gracias una espléndida OSG, pero sin que la batuta llegara a conectar en ningún momento con el profundo mensaje filosófico del compositor: ¿dónde quedaron la excitación, la bajada a los infiernos?