Carlos Álvarez-Nóvoa, da vida a Max Estrella, el poeta ciego y fracasado que «conmuere» en el Madrid absurdo y hambriento de principios de mil novecientos, en «La noche de Max Estrella».
03 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Uno de los más veteranos actores del teatro y el cine español, Carlos Álvarez-Nóvoa, da vida a Max Estrella, el poeta ciego y fracasado que «conmuere» en el Madrid absurdo y hambriento de principios de mil novecientos, en La noche de Max Estrella. Este espectáculo del Centro Andaluz de Teatro, producido en colaboración con el Centro Dramático Galego (CDG), se representa este fin de semana en el Salón Teatro de Santiago y visitará el Teatro Rosalía Castro, de A Coruña, el viernes próximo.
-¿Qué diferencia «La noche de Max Estrella» de las «Luces de bohemia» que ya hizo en 1981?
-Yo tengo una relación muy particular con esta obra. Me persigue Max Estrella o le persigo yo a él. Estas son unas Luces de bohemia peculiares. Es el texto de Valle-Inclán, no hay ni una sola palabra que no sea de don Ramón, pero visto desde el punto de vista del ciego. El espectador asiste a lo que el ciego oye y cómo lo oye, y a lo que el ciego ve y cómo lo ve. Sus visiones no son solo de la realidad, sino sobre todo de las sensaciones, de las emociones que siente a medida que van ocurriendo sucesos.
-¿Tiene algún significado especial para usted representar a Valle-Inclán en la ciudad en la que disfrutó de las tertulias y vivió sus últimos días?
-Hay una particularidad muy curiosa, y es que yo conocí Santiago hace 50 años, en 1961. Y vine a Santiago, precisamente a este teatro. Se celebraba en Santiago el Festival Nacional de TEU, del teatro universitario. Yo era director del TEU de Oviedo, y vinimos con Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre, con lo que volver 50 años después a este sitio es algo muy especial.
-Es usted, por tanto, de esa generación de actores que hicieron una gran labor por la dignificación de la profesión al tiempo que tenían que burlar la censura.
-Sí, como el teatro independiente después. Entonces eran años de combatividad, en los que teníamos aquella ilusión de que el teatro era un arma cargada de futuro. Pensábamos que podíamos modificar la realidad, y era nuestra forma de luchar contra la dictadura. Además, se creó un modelo de teatro colectivo que hasta entonces no existía. Entonces aprendíamos de nuestros errores, a base de equivocarnos y darnos cuenta de que había cosas que no se podían hacer. Y hoy la juventud que se dedica al teatro está extraordinariamente bien formada, infinitamente mucho mejor de lo que estábamos nosotros.
-En aquella España grotesca de principios del siglo pasado, Max Estrella reflejó una atmósfera de crispación, agonía y opresión. ¿Max Estrella no volvería a sentir algo de esto en la España actual?
-Sin duda. Desde que arranca la función estamos escuchando el lamento de un parado. La obra comienza con la noticia de que le han quitado las cuatro crónicas que escribía en el periódico. Ante esa situación, ese desprecio al talento, Max Estrella sufre la sensación de la persona valiosa que no es reconocida, y esto es muy actual. Cuántos talentos se siguen perdiendo y cuánta mediocridad muchas veces es apoyada. Estoy hablando de todos los terrenos: la ciencia, la política, el arte... Cuánta mediocridad y cuánto listillo logra encumbrarse, y cuánta gente extraordinariamente valiosa no recibe el apoyo que merece y está condenada al olvido. Entonces, en ese sentido, esa actualidad es evidente. Y ese dolor de Max es dolor nuestro de cada día. Por otro lado, creo que Max Estrella es un clarísimo precedente de los indignados del 15-M, es un indignado del 15-M.
carlos álvarez-nóvoa protagonista de «la noche de max estrella»
«Desde que arranca la función, oímos
el lamento de un parado»