La Orquesta Sinfónica de Galicia, que esta temporada celebra su vigésimo aniversario, es sin duda uno de los proyectos más ambiciosos y singulares puesto en marcha en las últimas décadas en esta esquina del mundo. Cuando lo que se estila ahora son los contenedores culturales sin contenido conviene recordar que la orquesta es precisamente lo contrario: contenido en estado puro. Una programación estable en los grandes auditorios gallegos, una cantera de intérpretes que se renueva año a año con las orquestas infantil y joven, y unas actividades didácticas que acercan sin complejos la música clásica a los pequeños melómanos son un aval suficiente para encarar el futuro sin titubeos. Ahora, llegado el momento del relevo en la gerencia y la dirección artística, solo hay que mimar entre todos este pequeño milagro de la cultura gallega.