Una obra que nació para propagar la devoción por el Apóstol

La Voz

CULTURA

Además de las cinco copias del Liber Sancti Iacobi que se conservan completas, existen otros libros que fueron creados dentro de la estrategia de difusión del apóstol emprendida por el arzobispo Xelmírez, pero que han llegado hasta nuestros días como versiones parciales o ya desde sus inicios no incluyeron todo el contenido de la obra. Se conservan copias de estos manuscritos en las mismas instituciones, que también disponen de las versiones completas, además de otros archivos y bibliotecas. A pesar de no tener el valor de los manuscritos completos, algunos presentan elementos que les confieren un alto interés.

Códice de Ripoll

Este manuscrito fue copiado por el monje Arnaud del Monte -quien supuestamente peregrinó a Santiago- entre 1172 y 1173, lo que lo convierte en la fuente más antigua junto al Calixtino. No está muy claro si la reproducción se realizó a partir del volumen compostelano o si la referencia fue el libro original y primero en ser recopilado. Consta de 86 páginas y contiene íntegros los libros II, III y IV, pero del I y V solo tiene partes, además de faltar los apéndices con la música. Este último punto también plantea un enigma: ¿no se copiaron las piezas musicales porque no interesaban al destinatario de la copia o todavía no formaban parte del códice original? En todo caso, se trata de una copia austera, que carece de ilustraciones y ornamentaciones. Toma su nombre por haber pertenecido al monasterio de Santa María de Ripoll y hoy se conserva en el Archivo de la Corona de Aragón de Barcelona.

Manuscrito de Alcobaça

Esta copia, que se custodia actualmente en la Biblioteca Nacional de Lisboa, data de finales del siglo XII y principios del XIII, lo que la convierte en una de las más antiguas. Tiene 215 folios y pertenecía al monasterio que le da nombre, situado al norte de la capital portuguesa. Es una versión casi completa, con ilustraciones, y sirve como ejemplo de la gran difusión de que gozaron las copias del Liber Sancti Iacobi, que, si peregrinos de toda Europa llegaban a Compostela, los manuscritos sobre el apóstol emprendieron el viaje contrario y se dispersaron por el Viejo Continente.