El concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, bajo la batuta del austríaco Welser-Möst, entusiasmó ayer al selecto público del Musikverein con un programa en el que hubo castañuelas y pandereta, reflejo de la fuente de inspiración que supuso España para los compositores austríacos del siglo XIX. Fue la primera vez que Welser-Möst, actual director musical de la Ópera Estatal de Viena, dirigió este famoso espectáculo que cada primero de enero ven decenas de millones de personas en todo el planeta, esta vez transmitido en vivo y diferido a más de 70 países.
Con un estilo austero y templado, el maestro nacido en la ciudad de Linz se adhirió al 100% a la línea más tradicional de este concierto, centrado en los valses, polcas y marchas de la dinastía de los Strauss y sus contemporáneos.
En la primera parte destacaron las piezas Amazonen Polka o Debut Quadrille, con la que Johann Strauss hijo se presentó por primera vez al público en 1844, en el Casino Dommayer de Viena, con apenas 19 años, antes de pasar a la historia como «el rey del vals».
En la segunda parte los filarmónicos rindieron honor a España como país que «siempre ha fascinado a los músicos austríacos», aseguró el presidente de la orquesta, Clemens Hellsberg. Las giras de los Strauss por la península Ibérica inspiraron al «rey del vals» para componer la Marcha Española, y a su padre el Cachucha-Galopp, obligando a los percusionistas de la orquesta a aprender a tocar las castañuelas.
Además de estas dos obras, que reflejan el carácter hispánico, los filarmónicos interpretaron también, con pandereta, la danza gitana, del ballet La Perla de Iberia, de Joseph Hellmesberger.