«Mi contrato con Los Ángeles expiraba en 1978; llevaba dieciséis años ininterrumpidos como director de la Orquesta Filarmónica de L.A. [?]. En el curso de aquel tiempo había incorporado yo mismo a muchos músicos; todos nos conocíamos muy bien y reaccionábamos a la mínima indicación del otro. Pero, por otra parte, esta intensa proximidad durante tanto tiempo había llevado también a un cierto desgaste, por trivial que pueda sonar. No cabía por tanto duda de la conveniencia de un cambio y de que otro director trabajara con la orquesta [?] Cuando la unión es muy íntima y las influencias demasiado fuertes, en el peor de los casos se puede incurrir en dejadez, pero de todos modos falta el ímpetu para abordar algo nuevo de otra manera». Pareciera que alguien en el Consorcio para la Promoción de la Música hubiese leído el capítulo de las recientes memorias de Zubin Mehta en el que cuenta cómo dejó Los Ángeles y, salvando las distancias, haya decidido que la salida de Víctor Pablo Pérez de la OSG, con la que ha hecho un magnífico trabajo, deba ser paulatina, sin traumas y con un colaborador de excepción que podría pilotar el relevo hasta el 2011.
Con López Cobos las conversaciones vienen de lejos, y hasta hubo representación coruñesa en la celebración de su último cumpleaños en su casa de Lausana. Posee una larga y acreditada trayectoria y sus colaboraciones con la orquesta gallega siempre han sido beneficiosas; aunque, a estas alturas, ¿tendrá las energías y las ganas para pilotar una nave que desea emprender nuevos y apasionantes desafíos? Del acierto en la elección depende el futuro de la orquesta.