Proyectos bien argumentados en el Macba

Mercedes Rozas

CULTURA

30 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

En alguno de los estudios oficiales sobre la Ciudad de la Cultura se pone como modelo de gestión el grupo museístico de Viena. El ejemplo no es malo teniendo en cuenta que en cualquiera de sus museos siempre hay numeroso público dispuesto a ver alguna de las muchas exposiciones, programadas pensando en el posible espectador y en los fondos públicos que es obligado rentabilizar. Este año en la capital austríaca se recorrieron, como quien no quiera la cosa, más de cien años de arte desde Van Gogh a Baselitz. Desde la Tate londinense se planteó uno de los mejores análisis que se hayan hecho hasta ahora de Dalí y el cine, se otorgó el premio Turner al inglés Wallinger, que además de disfrazarse de oso protesta con las pancartas de otros por la guerra de Irak, y se permitió que la colombiana Doris Salcedo indujese la grieta más peligrosa y mediática de los últimos años. Por otra parte, tanto la Documenta de Kassel como la Bienal de Venecia lograron este año récord de malas críticas y siguieron sin aportar esa sabia fresca que, cita tras cita, esperamos como agua de mayo.

Para ver proyectos bien argumentados en España nos tuvimos que ir al Macba, donde se llevó a cabo una completa revisión del arte de posguerra en Nueva York y París. Profesionales y público lo agradecieron. El que fuera su director, Borja-Villel, inicia ahora una nueva etapa en el Museo Reina Sofía, un museo que este año sobrevivió solo y triste alentado con la pintura de Paula Rego. En el Guggenheim estuvo una antológica de Kiefer, y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la especial obra de Bruno Schulz revivió la crudeza histórica de la Galitzia polaca; cerca, el Thyssen coronó la temporada con la seriedad que le caracteriza, con fondos de Durero y Cranach; mientras el Prado, en sus nuevas salas, desempolvó el siglo XIX y reunió los mejores cuadros de Velázquez.